
Eufemísticamente se podría decir que últimamente no estoy pasando por mi mejor momento anímico y esto también afecta a mis hábitos de lectura. Afortunadamente aún no he llegado a perder las ganas de leer, pero sí que he perdido en buena parte las ganas de ver cine entre otras cosas. Pero, aunque no he perdido mi apetito lector, sí que en cierto modo se ha restringido un poco: no tengo ganas de embarcarme en retos (sean pequeños o grandes) ni en territorios desconocidos; sólo me apetecen lecturas fáciles, es decir, lecturas que no supongan demasiado esfuerzo y/o que sé (por experiencias previas) que me gustarán. Así que me pareció que ahora sería un buen momento para leer esos cómics (o novelas gráficas, ni siquiera sé cuál es el término correcto) que están en la biblioteca y que tienen tan buena reputación pero que yo no había leído nunca. Porque, seamos sinceros, un cómic es una lectura mucho más fácil que cualquier novelón, sin necesidad de que sea un Thomas Pynchon.
Los tres primeros elegidos han sido: ‘Blankets’ de Craig Thompson, ‘Jimmy Corrigan’ de Chris Ware y ‘Rubia de verano’ de Adrian Tomine. Y de estos tres sólo uno ha estado a la altura de las expectativas: el último. Estoy de acuerdo que tanto ‘Blankets’ como ‘Jimmy Corrigan’ visualmente son novedosos y efectivos, que la composición y el diseño es una maravilla, etc. Pero por más que la forma sea espectacular, el fondo me decepcionó. Quizás en parte sea porque no estoy de humor como para que me den pena las historias de un pobre marginado en el instituto que descubre el amor o la de un hombre cuarentón que se siente muy desgraciado porque no tiene novia. Pero, a parte de esto, no deja de ser cierto que los personajes son planos y las historias previsibles.
El punto fuerte de ‘Blankets’ es que tiene cierta sensibilidad, cierta inocencia y cierta sinceridad que atorgan a la historia de un primer amor veracidad y entidad. Y mientras que la parte religiosa (el protagonista viene de una familia católica y estricta) es interesante por separado, no estoy tan segura de que encaje bien en el conjunto. Además, no dejo de pensar que esta historia ya me la han contado mil veces antes. Por el contrario, a mi parecer, el mayor punto flaco de ‘Jimmy Corrigan’ es que a los dos personajes les pasan tal cantidad de desgracias que suena todo muy impostado y falso. Me da la sensación que el autor se sentó dispuesto a contar la historia más miserable posible, pero tanta avidez por contar unas vidas desgraciadas acaba resultando contraproducente, porque queda inverosímil y, por lo tanto, frío.
En cambio, ‘Rubia de verano’ me fascinó. Está entre las obras literarias que más me han llegado, la colocaría en mi lista de favoritos, sean cómics o no. Visualmente seguramente no será tan impactante como los dos anteriores (aunque no deja de ser perfectamente efectivo), pero narrativamente es infinitamente más satisfactorio (lo cual quizás es la prueba definitiva que soy más una persona de palabras y estructuras mentales que no de imágenes). Son cuatro historias breves que me recordaron en cierto modo a los mejores cuentos de Raymond Carver, porque como estos hablan de personajes complejos y contradictorios, porque son trozos de vida, porque están despojados de todo lo superfluo (nada de florituras visuales, esta vez), porque son sobrios y secos, y porque además la última viñeta es demoledora y es la que da sentido a toda la historia. Son piezas perfectas de literatura. Y punto.
