
Estaba yo en la biblioteca buscando algún libro de Katherine Mansfield cuando me topé con éste. No había oído nada del autor, pero aún así algo me llamó la atención. Leí la contraportada y me enteré de que el tipo era húngaro y probablemente fue esto lo que en último término me impulsó llevármelo a casa. Parece que no está traducido al castellano y que la edición en catalán ya está descatalogada. Tampoco he podido encontrar más libros traducidos de este autor (a no ser que sean traducidos al inglés). De hecho, he podido encontrar poquísima información sobre este escritor en Internet y, aún así, paradójicamente, en lo poco que he podido encontrar siempre se decía que era uno de los autores húngaros más importantes de después de la segunda guerra mundial.
Se ve que los padres de Iván Mándy se divorciaron cuando él era pequeño y él se quedó con su padre, que era un bohemio que se lo llevaba de hotel en hotel (pero hoteles baratos de los suburbios de Budapest) y no se preocupaba ni por si iba a escuela ni nada. De modo que Iván iba poco a la escuela, se pasaba muchas horas solo y no acabó ni la secundaria. Se ve que los dos iban mucho al cine para evadirse y en los cuentos que he podido leer hay mucho amor al cine y en el estilo algo de influencia de la narración cinematográfica. Durante la segunda guerra mundial, el padre se las arregló para que no se llevaran a filas a su hijo, ingresándolo en el hospital y haciéndolo pasar por enfermo. Se ve que el padre ante el tribunal que quería mandarlo a la guerra se presentó con uno de los libros que había escrito su hijo y les soltó que aquello era la contribución a la patria que hacía su hijo.
Sus cuentos están protagonizados por gente de clase baja, perdedores que quizás han vivido tiempos mejores pero que ahora ya no les queda nada, y pasan en cines de barrio, tabernas, campos de fútbol destartalados, escaleras de vecinos, parques públicos, habitaciones de hotel roñosas, etc. Tienen un punto costumbrista y la intención de centrarse en vidas y acontecimientos banales. Pero más que nada creo que hablan de soledad. Quizás los que más me hayan gustado hayan sido el de la visita al padre y la visita a la madre, que tienen un mismo narrador y que está claro que tienen mucho de autobiográfico. Los dos están construidos como si fueran calidoscopios, de una forma casi impresionista, pero sin que nunca el estilo eclipse el fondo. También debe tener algo de autobiográfico el cuento de un vendedor ambulante que, como no tiene un lugar donde pasar la noche, se hace pasar por enfermo para que lo acojan en un hospital. Éste tiene un humor algo kafkiano delicioso. Aunque, de hecho, muchos de los cuentos tienen bastante sentido del humor, aunque sutil y particular.
Aunque los cuentos están todos protagonizados por personajes marginados y solitarios (en este sentido quizás mi favorito sería el que está protagonizado por un portero de una casa que se siente solo hasta que un día descubre un adolescente vagabundo y hambriento escondiéndose en su escalera y decide acogerlo), hay pocos que tengan intención política. Incluso los que hablan de la situación política en Budapest durante y después de la guerra, más que de política hablan de otras cosas. Está el del hijo exasperado que aconseja a la madre como tiene que hablar ahora que son los comunistas quenes mandan para no quedar como unos partidarios del antiguo régimen, pero este cuento es por encima de todo cómico y es una delicia. Luego está el de la delatora, que poco tiene de divertido, y que es terriblemente cruel, pero nada maniqueísta; es una maravilla como se pone en la piel de todos los implicados sin tomar partido, aunque al final yo creo que es más una historia de soledad que de delaciones. En cualquier caso, es un cuento magnífico, como prácticamente todos los de este libro, que sin duda es una pequeña joya.
Se ve que los padres de Iván Mándy se divorciaron cuando él era pequeño y él se quedó con su padre, que era un bohemio que se lo llevaba de hotel en hotel (pero hoteles baratos de los suburbios de Budapest) y no se preocupaba ni por si iba a escuela ni nada. De modo que Iván iba poco a la escuela, se pasaba muchas horas solo y no acabó ni la secundaria. Se ve que los dos iban mucho al cine para evadirse y en los cuentos que he podido leer hay mucho amor al cine y en el estilo algo de influencia de la narración cinematográfica. Durante la segunda guerra mundial, el padre se las arregló para que no se llevaran a filas a su hijo, ingresándolo en el hospital y haciéndolo pasar por enfermo. Se ve que el padre ante el tribunal que quería mandarlo a la guerra se presentó con uno de los libros que había escrito su hijo y les soltó que aquello era la contribución a la patria que hacía su hijo.
Sus cuentos están protagonizados por gente de clase baja, perdedores que quizás han vivido tiempos mejores pero que ahora ya no les queda nada, y pasan en cines de barrio, tabernas, campos de fútbol destartalados, escaleras de vecinos, parques públicos, habitaciones de hotel roñosas, etc. Tienen un punto costumbrista y la intención de centrarse en vidas y acontecimientos banales. Pero más que nada creo que hablan de soledad. Quizás los que más me hayan gustado hayan sido el de la visita al padre y la visita a la madre, que tienen un mismo narrador y que está claro que tienen mucho de autobiográfico. Los dos están construidos como si fueran calidoscopios, de una forma casi impresionista, pero sin que nunca el estilo eclipse el fondo. También debe tener algo de autobiográfico el cuento de un vendedor ambulante que, como no tiene un lugar donde pasar la noche, se hace pasar por enfermo para que lo acojan en un hospital. Éste tiene un humor algo kafkiano delicioso. Aunque, de hecho, muchos de los cuentos tienen bastante sentido del humor, aunque sutil y particular.
Aunque los cuentos están todos protagonizados por personajes marginados y solitarios (en este sentido quizás mi favorito sería el que está protagonizado por un portero de una casa que se siente solo hasta que un día descubre un adolescente vagabundo y hambriento escondiéndose en su escalera y decide acogerlo), hay pocos que tengan intención política. Incluso los que hablan de la situación política en Budapest durante y después de la guerra, más que de política hablan de otras cosas. Está el del hijo exasperado que aconseja a la madre como tiene que hablar ahora que son los comunistas quenes mandan para no quedar como unos partidarios del antiguo régimen, pero este cuento es por encima de todo cómico y es una delicia. Luego está el de la delatora, que poco tiene de divertido, y que es terriblemente cruel, pero nada maniqueísta; es una maravilla como se pone en la piel de todos los implicados sin tomar partido, aunque al final yo creo que es más una historia de soledad que de delaciones. En cualquier caso, es un cuento magnífico, como prácticamente todos los de este libro, que sin duda es una pequeña joya.
