sábado, 23 de octubre de 2010

'Algo alrededor de tu cuello' de Chimamanda Ngozi Adichie


“Algo alrededor de tu cuello” está compuesto por doce relatos de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, que no hace tanto fue elegida por la revista New Yorker como una de los escritores más prometedores de menos de cuarenta años. Todos estos cuentos están protagonizados por nigerianos, la mayoría de ellos son mujeres y la mayoría de ellos viven entre Nigeria y Estados Unidos, que muchas veces desempeña el papel de tierra prometida de la abundancia a la que todos los nigerianos sueñan con llegar, pero una vez allí descubren que no todo es tan fácil y tan perfecto como se lo habían imaginado (o les habían contado). Así, encontramos la historia de una mujer a la que conciertan un matrimonio con un hombre ya establecido en Estados Unidos pero al que no ha visto nunca, o la historia de otra mujer que hace cola ante la embajada estadounidense para pedir asilo político.

Se trata, pues, de relatos que exponen la situación difícil en la que se encuentran muchos nigerianos de hoy en día pero, a pesar de esto, nunca caen en el didactismo, porque afortunadamente Chimamanda Ngozi Adichie prefiere centrarse en escribir un relato literario que en adoctrinar a sus lectores. Otro detalle a destacar que se agradece es como huye del sentimentalismo y la explotación del dolor y las atrocidades. El primer relato del conjunto es probablemente ya una declaración de intenciones en este aspecto, ya que es sobre un joven que es encerrado en prisión injustamente, pero tanto el personaje como también la autora rechazan describir por todo lo que pasa en prisión con todo lujo de detalles morbosos, aunque la narradora remarca que sería muy fácil hacerlo.

Como en todos los recopilatorios de relatos, podrá haber algunos mejores que otros, pero no hay ninguno que desentone por su calidad y que se pueda considerar simplemente de relleno. Se trata de un conjunto muy regular, aunque el último relato huya de la estricta contemporaneidad a la que se ciñen el resto de cuentos y opte para describir de forma sucinta a través de la historia de una familia (y en último término la historia de una mujer) la historia de Nigeria (y probablemente por extensión la de gran mayoría de países africanos) a partir de la llegada del hombre blanco. Es difícil decidir si este relato encaja o no en el conjunto, porque si bien es cierto que temáticamente representa una nota discordante respecto al resto, por otra parte la autora tiene todo el derecho a incluirlo como coda que sirve para enmarcar y contextualizar todo lo que ha contado antes.

Chimamanda Ngozi Adichie en esta obra es muy crítica con los occidentales y no sólo por nuestro pasado colonizador, sino también por nuestro presente paternalista que disfruta del exotismo turístico del continente africano. Contrapone las dos culturas pero sin maniqueísmos y a veces son los occidentales quienes quedamos en ridículo y a veces son los nigerianos demasiado aferrados a la tradición. Y es que sin duda también es un libro que habla del conflicto entre tradición y modernidad, que reflexiona sobre el problema que supone para los jóvenes nigerianos abrazar la cultura occidental sin perder su identidad.

Como “Algo alrededor de tu cuello” es un conjunto de cuentos tan equilibrado es difícil escoger alguno que destaque encima de los demás. Hay un par que destacan por su emotividad, ya que están protagonizados por dos personajes muy alejados culturalmente pero que acaban comprendiéndose mutuamente. Uno de estos dos está protagonizado por dos mujeres que se refugian en una tienda abandonada durante unos disturbios, dos mujeres de religión, etnia y lengua distinta. Mientras que el otro está protagonizado por dos estudiantes nigerianos, un chico y una chica, que en principio sólo tienen en común que se encuentran solos en América. Pero quizás el más destacado sea “Jumping Monkey Hill” sobre un taller literario para jóvenes autores africanos que organiza un académico blanco en Sudáfrica, porque es una reflexión metaficcional sobre la literatura africana (sobre sus problemas, sus limitaciones, sus tópicos) y a la vez una reflexión sobre como las mujeres africanas son convertidas en objetos sexuales y se ven limitadas en sus opciones frente a los hombres, pero todo esto sin que Chimamanda Ngozi Adichie caiga nunca en el didactismo ni olvide que está escribiendo literatura y no moralizando.


miércoles, 13 de octubre de 2010

'El vell botiguer i altres contes' de Iván Mándy


Estaba yo en la biblioteca buscando algún libro de Katherine Mansfield cuando me topé con éste. No había oído nada del autor, pero aún así algo me llamó la atención. Leí la contraportada y me enteré de que el tipo era húngaro y probablemente fue esto lo que en último término me impulsó llevármelo a casa. Parece que no está traducido al castellano y que la edición en catalán ya está descatalogada. Tampoco he podido encontrar más libros traducidos de este autor (a no ser que sean traducidos al inglés). De hecho, he podido encontrar poquísima información sobre este escritor en Internet y, aún así, paradójicamente, en lo poco que he podido encontrar siempre se decía que era uno de los autores húngaros más importantes de después de la segunda guerra mundial.

Se ve que los padres de Iván Mándy se divorciaron cuando él era pequeño y él se quedó con su padre, que era un bohemio que se lo llevaba de hotel en hotel (pero hoteles baratos de los suburbios de Budapest) y no se preocupaba ni por si iba a escuela ni nada. De modo que Iván iba poco a la escuela, se pasaba muchas horas solo y no acabó ni la secundaria. Se ve que los dos iban mucho al cine para evadirse y en los cuentos que he podido leer hay mucho amor al cine y en el estilo algo de influencia de la narración cinematográfica. Durante la segunda guerra mundial, el padre se las arregló para que no se llevaran a filas a su hijo, ingresándolo en el hospital y haciéndolo pasar por enfermo. Se ve que el padre ante el tribunal que quería mandarlo a la guerra se presentó con uno de los libros que había escrito su hijo y les soltó que aquello era la contribución a la patria que hacía su hijo.

Sus cuentos están protagonizados por gente de clase baja, perdedores que quizás han vivido tiempos mejores pero que ahora ya no les queda nada, y pasan en cines de barrio, tabernas, campos de fútbol destartalados, escaleras de vecinos, parques públicos, habitaciones de hotel roñosas, etc. Tienen un punto costumbrista y la intención de centrarse en vidas y acontecimientos banales. Pero más que nada creo que hablan de soledad. Quizás los que más me hayan gustado hayan sido el de la visita al padre y la visita a la madre, que tienen un mismo narrador y que está claro que tienen mucho de autobiográfico. Los dos están construidos como si fueran calidoscopios, de una forma casi impresionista, pero sin que nunca el estilo eclipse el fondo. También debe tener algo de autobiográfico el cuento de un vendedor ambulante que, como no tiene un lugar donde pasar la noche, se hace pasar por enfermo para que lo acojan en un hospital. Éste tiene un humor algo kafkiano delicioso. Aunque, de hecho, muchos de los cuentos tienen bastante sentido del humor, aunque sutil y particular.

Aunque los cuentos están todos protagonizados por personajes marginados y solitarios (en este sentido quizás mi favorito sería el que está protagonizado por un portero de una casa que se siente solo hasta que un día descubre un adolescente vagabundo y hambriento escondiéndose en su escalera y decide acogerlo), hay pocos que tengan intención política. Incluso los que hablan de la situación política en Budapest durante y después de la guerra, más que de política hablan de otras cosas. Está el del hijo exasperado que aconseja a la madre como tiene que hablar ahora que son los comunistas quenes mandan para no quedar como unos partidarios del antiguo régimen, pero este cuento es por encima de todo cómico y es una delicia. Luego está el de la delatora, que poco tiene de divertido, y que es terriblemente cruel, pero nada maniqueísta; es una maravilla como se pone en la piel de todos los implicados sin tomar partido, aunque al final yo creo que es más una historia de soledad que de delaciones. En cualquier caso, es un cuento magnífico, como prácticamente todos los de este libro, que sin duda es una pequeña joya.


viernes, 8 de octubre de 2010

'Linda boquita y verdes mis ojos' y 'Teddy' de Salinger



‘Linda boquita y verdes mis ojos’ es un cuento atípico dentro de los ‘Nueve cuentos’, porque todos los otros tienen como mínimo un personaje que es un niño, un adolescente o como mínimo un joven, y en cierto modo hablan de soledad, nostalgia y melancolía, mientras que éste está protagonizado por adultos al 100% (al menos a lo que se refiere a edad, y uno incluso tiene el pelo entrecano) y se centra en las relaciones de pareja. Me parece un cuento muy Raymond Carver, pero aún así es totalmente Salinger, porque está construido básicamente sólo por una conversación telefónica y se trata de una conversación que suena totalmente natural y espontánea. Me encanta como en esta conversación se van dejando caer detalles que dan consistencia al relato y son capaces de crear un mundo para estos personajes, un mundo que resulta totalmente tangible para nosotros los lectores. Creo que Salinger es un escritor de detalles, que siempre sabe escoger perfectamente los detalles que otorgarán vida a sus historias. Esta historia es la de un hombre que está en la cama con una mujer cuando suena el teléfono y resulta que es un amigo, medio histérico, quejándose de que no tiene ni idea de dónde diablos se ha metido su mujer y que seguro que se la está pegando por ahí. El hombre escucha pacientemente a su amigo, intentando calmarle, y nosotros intuimos que la mujer del amigo es la que está en la cama con el otro hombre. Pero al final el amigo vuelve a llamar y dice que su mujer ya ha llegado a casa y todo está bien. Yo entiendo que el amigo sabe que su mujer se la está pegando con el hombre al que está llamando y que sólo lo llama para ver si se lo confiesa de una vez o se delata de alguna forma. Aún así, no importa demasiado cómo se interprete el relato, porque es una delicia leerlo. Uno de los que más me gustan.

‘Teddy’ es, para mí, el cuento más desconcertante de Salinger. Me cuesta digerir la filosofía budista/zen de la que está empapado. En este sentido se me hace tan cargante como ‘Seymour: una introducción’. Y como soy algo pesimista, no puedo evitar imaginarme que éste fue el camino que siguió Salinger durante su reclusión y que, si un día sale a la luz lo que fue escribiendo durante estos años, resultarán ser obras infumables. Me gusta más leer ‘Teddy’ como la historia de un niño (que podría ser también Seymour Glass) que se encuentra solo en un mundo hostil: sus padres son seres egoístas que no paran de pelearse entre ellos y de regañar a sus hijos sin mostrarles nunca un auténtico afecto, además su prodigiosa inteligencia también lo aísla aún más, porque encima los académicos que se interesan por él sólo lo hacen del mismo modo en que podrían interesarse por un bicho rarito digno de estudio. Aún así, realmente me cuesta sentir simpatía por Teddy porque es el niño listo repelente por antonomasia. Aún así, intento olvidar lo repelente que es Teddy y centrarme en como es este aislamiento que siente el que le hace adoptar esta postura de que los sentimientos no tienen ninguna importancia y creer que, si esta vida es una mierda, siempre tendremos otra. Vamos, que me gusta creer que la postura budista/zen de Teddy es sólo eso, una postura, un mecanismo de defensa. Aún así, el final siempre se me antoja algo precipitado y leer el cuento sobre un suicidio de un niño me deja muy mal. Pero se tiene que reconocer que, como siempre, Salinger lo escribe de una forma magnífica y con una delicadeza magistral.


jueves, 30 de septiembre de 2010

'Cosas que debes saber' de A.M. Homes




Reconozco que probablemente leer los cuentos de A.M. Homes después de haber leído los de Amy Hempel es un poco injusto, porque las comparaciones pueden ser odiosas y crueles. Aún así, cuando en una colección de cuentos no hay ninguno que me produzca auténtica envidia ni ninguno que hubiera deseado poder escribir yo, es que algo va mal. Confieso que ya antes había intentado leer ‘Cosas que debes saber’ pero había fracasado, aunque ahora veo que (en parte) mi problema era que empecé por el cuento más desagradable pero con el título más atrayente para mí (el de los presuntos niños prodigio). Me ha desagradado tanto o incluso más que la primera vez. La verdad, no me apetece para nada leer un cuento cuyo clímax sucede cuando un gilipollas abusa de una chica y se le mea encima.


Éste es mi mayor problema con A.M. Homes que a veces parece que quiere ser desagradable sólo para ser desagradable, de forma totalmente gratuita, o como mucho para de pasada resultar polémica, que es algo que siempre queda muy guay, pero en el fondo yo no veo nada detrás. Otro cuento también bastante desagradable es el de la mujer que se insemina ella solita con el semen que recoge de los preservativos tirados por otras parejas. En fin, se supone que la pobre mujer tuvo un accidente muy grave y que tenemos que compadecernos por ella y todo el rollo, pero la verdad es que toda la historia me parece chapucera, gratuita y manipuladora.

Luego hay un par de cuentos con una shapeshifter, que creo que pretenden ser poéticos y tal, pero que a mí me han parecido ridículos y tediosos. Después, hay unos cuantos relatos que no están mal, pero que son bastante olvidables. A veces me da la sensación que para que un editor te publique un libro de relatos tiene que haber uno sobre el cáncer y otro sobre parejas que se rompen. Aquí A.M. Homes ha unido los dos tópicos en un solo cuento y el resultado no está mal, pero ya se ha hecho antes millones de veces y no creo que aporte nada nuevo. También está el tópico del hombre que quiere morir hasta que tiene una experiencia en que la está a punto de palmar y luego se da cuenta que quiere vivir. También con una serie de imágenes desagradables de lo más gratuitas y todo él demasiado previsible.

Hasta aquí ha habido tres párrafos de cosas que no me han gustado, ahora viene uno de cosas que sí que me han gustado. Como veis no son muchas pero espero que notéis la delicadeza de ponerlas al final para que sea con lo que os quedéis. Os juro que yo no quiero ser cruel de forma gratuita. Vamos allá. Me gusta el cuento sobre el niño que va a pasar las vacaciones en casa de su padre divorciado, pero que en realidad se pasa más tiempo en casa de los vecinos que son una familia normal y por eso los adora, porque está cansado de las pijerías de su madre y lo alternativo que es su padre, tiene un punto de nostalgia y de final de infancia que está realmente conseguido. El del presidente Reagan jubilado y aquejado de alzheimer es original, divertido y con un punto amargo, realmente bueno y la verdad es que me encantan todos los relatos que ficcionalizan vidas de políticos (estoy pensando básicamente en el ‘Lyndon’ de David Foster Wallace). También me ha gustado mucho ‘Remedios’, que es muy Carver, muy “en apariencia cuenta algo banal pero dice mucho”. Y el mejor creo que es el que da título al libro; es evocador, breve, simple e inteligente.

Resumiendo, de 11 cuentos, cuatro me han gustado (pero sin llegar a entusiasmarme), tres no me han hecho ni fu ni fa, y los restantes los he odiado. Demasiado poco para poder decir que el libro me ha gustado. Aún así, me alegro de haberlo leído/terminado, haberme fabricado mi propia opinión y poder pasar a otra cosa.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

'En el bote' y 'Para Esmé, con amor y sordidez' de Salinger



Me parece algo curioso que muchos de los cuentos de Salinger estén estructurados en tres partes. Es lo que pasa tanto en ‘En el bote’ como en ‘Para Esmé, con amor y sordidez’. En el primer relato hay una primera parte en que vemos las dos criadas charlando en la cocina; una segunda parte en la que Boo Boo entra en la cocina y conversa brevemente con las dos criadas; y finalmente una tercera parte en la que Boo Boo sale a buscar a Lionel, su hijo, que ha huido y se ha refugiado en el bote. Es obvio que la parte central del relato, la más importante, el protagonista, es Lionel, pero me encanta como es introducido en la narración poco a poco, de una forma progresiva. Boo Boo siempre ha sido una de mis Glass favoritos, a pesar de que sabemos muy poco de ella, y lo es sólo porque parece que es la que ha conseguido llevar una vida más convencional (se ha casado y ha formado una familia), pero aún así intuyo que su vida no es ni tan normal ni tan feliz como puede parecer a simple vista. Lionel es un amor de niño, pero aún que sea un niño es muy diferente a todos los niños que salen en otros cuentos de Salinger. Muy diferente a la extrovertida Sybil de ‘Un día perfecto para el pez plátano’, pero también diferente a la Ramona de ‘El tío Wiggily en Connecticut’, por más que los dos sean más bien introvertidos. Lionel es un niño sensible y encerrado en su propio mundo y al que las pequeñas cosas le afectan demasiado y cada vez que se siente herido o confuso o triste decide huir, y es imposible no sentir ternura por él. Me encanta la simplicidad de este cuento. Es tan sobrio, tan diáfano, tan limpio, tan puro. Es reconfortante ver que los problemas de Lionel dejan de tener importancia después de haber hablado con su madre, pero por poco experimentados que seamos como lectores no podremos evitar sentir nostalgia porque sabemos que Lionel crecerá y llegará un día en que ni su madre no será capaz de alejar las preocupaciones que le puedan atormentar.

Tengo la sensación (no sé si será acertado o no) que ‘Para Esmé, con amor y sordidez’ es también uno de los cuentos más queridos e idolatrados de Salinger, pero a mí me cuesta creérmelo, se me hace demasiado literario, demasiado metaficción, me cuesta entrar en él y confieso que también me cuesta poder entenderlo. También tiene tres partes. En la primera, situada en el presente, un narrador en primera persona nos cuenta que le han invitado a una boda en Inglaterra, pero no podrá asistir, pero aún así escribirá una carta al novio explicando detalles de la novia que espera que le causen malestar. En la segunda parte, el mismo narrador en primera persona nos narra una tarde de hace seis, cuando era un soldado al final de la Segunda Guerra Mundial desplazado a Inglaterra, y cuando conoció a una adolescente llamada Esmé a la que promete que algún día escribirá para ella un relato sórdido. La tercera parte, escrita en tercera persona, entiendo que es el relato que el narrador en primera persona prometió a Esmé, y está protagonizado por un soldado (al que se llama X), que acabada la guerra mundial está destacado en Alemania y que por decirlo con las mismas palabras de Salinger no ha salido de la guerra con “todas sus facultades intactas”, y que al final del relato nos enteramos que debe ser como mínimo una versión ficcionalizada del primer narrador porque recibe una carta de Esmé con el reloj demasiado grande que ésta llevaba porque era de su padre muerto.

No está mal, pero mientras que en los otros relatos de Salinger tengo la sensación de que lo que me está contando es real, con ‘Esmé’ sólo tengo la sensación de que me está contando una ficción totalmente inventada. Probablemente ésta fuera en parte la intención, pero me parece todo tan literario que me cuesta de digerir. Estoy toda la segunda parte imaginando que todo lo que está contando Esmé al narrador es una inmensa trola y cuando al final resulta que no era trola me siento decepcionada. Y eso que Salinger participó en la guerra, pero la guerra que describe aquí me parece tan idealizada y tan de color de rosa (y para nada sórdida) que tampoco me la creo. Se supone que si el narrador quiere intentar hacer fracasar la boda de Esmé es porque se enamoró de ella, pero esto a parte de incomodarme, me parece totalmente inverosímil (Esmé no deja de ser una pre-adolescente marisabidilla que quiere hacer ver que es muy madura y mayor pero que aún es una niña, y sólo tienen una conversación de media horita). Me gustaría pensar que si quiere arruinar la boda es porque está celoso porque Esmé ha tenido una vida fácil y él ha tenido una vida más chunga, pero aún así tampoco me lo acabo de creer. Es que es tan literario este cuento, tan consciente que sólo es literatura, que no me lo trago.


martes, 28 de septiembre de 2010

'Diario de un ama de casa desquiciada' de Sue Kaufman



Diario de un ama de casa desquiciada” de Sue Kaufman está a medio camino entre “La campana de cristal” de Sylvia Plath y la serie Mujeres Desesperadas”. Es una mezcla de drama sobre frustraciones femeninas y comedia satírica y crítica con las convenciones sociales. La protagonista es Tina Balser, una ama de casa del Manhattan de los años 60 que, como se suele decir, aparentemente lo tiene todo: un marido que es un abogado de éxito, dos hijas bonitas que son unas buenas alumnas en la escuela cara y elitista a la que asisten, y un piso céntrico y amplio, decorado con gusto y equipado con todas las comodidades. Pero, evidentemente, hay algo que no funciona. Es por eso que, un día mientras está comprando material escolar para sus hijas, Tina decide comprarse un cuaderno que utilizará como diario para intentar aclararse y averiguar qué le está pasando, para así quizás poder volver a ser la de antes.

Se han terminado las vacaciones y el otoño está a punto de empezar y Tina (o Teen, como la llama su marido, como si fuera una chiquilla o una propiedad a la que se le puede cambiar el nombre) siente que se está volviendo paranoica y nota que está desarrollando una serie de miedos y fobias que la paralizan. A veces se siente profundamente deprimida y sólo tiene ganas de llorar y otras veces está tan nerviosa que no puede parar quieta ni un segundo. Intenta calmarse tomando una copa o una de las pastillas que le quedaron de la última “crisis nerviosa” por la que pasó. Pero las pastillas hay que racionalizarlas porque se están terminando y su marido, que no sólo quiere que su mujer sea la perfecta ama de casa sino que también sea el alma de las fiestas a las que asisten, parece que empieza a sospechar algo.

“Diario de una ama de casa desquiciada” está escrita con un estilo eficaz que fluye de manera impecable. Es de aquellos libros que uno no tiene miedo a recomendar a cualquier lector. Es de aquellos libros que se dice que enganchan. Pero afortunadamente ésta no es su única virtud; es una novela inteligente y con un sentido del humor sarcástico y delicioso, y tiene una capacidad incisiva envidiable, tanto a la hora de adentrarse en la psicología de la protagonista (con la que es imposible no acabar identificándose, por más que no se compartan experiencias vitales) como a la hora de burlarse de la ambición, la vanidad y otras mezquindades de cierta clase media-alta con ínfulas culturales. Probablemente el único defecto de la obra sea un final demasiado fácil, demasiado feliz. Es imposible, después de la escalada de acontecimientos que llevan a la protagonista a un callejón sin salida, no sentirse decepcionado ante un final tan anticlimático y azucarado. Aún así, el final no acaba de amargar el buen sabor de boca que deja el resto del libro, porque se trata de una novela capaz de retratar la ansiedad, la frustración y la asfixia de una forma perfectamente convincente, pero sin dejar de lado el sentido del humor.


jueves, 16 de septiembre de 2010

'Justo antes de la guerra con los esquimales' y 'El hombre que ríe' de Salinger


Probablemente ‘Justo antes de la guerra con los esquimales’ es mi cuento favorito de Salinger. Me cuesta saber decir por qué. Supongo que podría decir que es porque es auténtico, real, vivo, y algunos otros adjetivos parecidos, pero en el fondo esto no quiere decir nada. Debe ser el cuento más divertido de Salinger, más que nada porque por él desfilan un par de excéntricos deliciosos (el hermano de Selena Graff y el amigo del hermano de Selena Graff). Y aún así, puede que también sea uno de los cuentos más melancólicos de Salinger, porque habla de lo doloroso que es hacerse mayor, un tema típico en Salinger pero que creo que en este relato es en uno de los que funciona mejor. Me gusta que sea prácticamente todo diálogo, que sea prácticamente una obra de teatro, con sus entradas y salidas y poquísimas acotaciones, y que, una vez más, en apariencia hable de “nada”, pero en realidad diga mucho. Me parece brillante el detalle de que la quinceañera Ginnie Maddox crezca después de entrar en contacto con dos jóvenes mayores que ella pero que se niegan a crecer y que probablemente sean aún más inmaduros que ella. Sin embargo, estos dos chicos, por edad, se han visto obligados a salir al mundo exterior y han visto que puede ser una auténtica mierda y es eso lo que Ginnie entrevé en su conversación con los dos tipos y le permite crecer, aunque duela, y dejar atrás las niñerías, como la tirria que le tiene a Selena, pero sin dejar tampoco de ser del todo una niña sentimental que se apega demasiado a cosas absurdas pero que tienen un significado especial, como el medio bocadillo que el hermano de Selena le deja en el bolsillo del abrigo.

Por el contrario, ‘El hombre que ríe’ probablemente sea uno de los relatos de Salinger que me dejan más fría. La supuesta gracia está en que intercala dos narraciones que en apariencia no tienen nada que ver la una con la otra, pero que en teoría sirven para complementarse mutuamente. Una es la historia de un niño que recuerda los tiempos en que formaba parte de un grupo de escoltas. La otra es la historia que les contaba a los escoltas el monitor (al que llamaban el Jefe): las extraordinarias aventuras del hombre que ríe del título, que vive en un mundo de fantasía y que no queda claro si es un héroe o un criminal. Mi problema con este cuento es que las aventuras del hombre que ríe son tan folletinescas y están escritas en un estilo tan manido que no son para nada el estilo innovador de Salinger y el resultado es chirriante. Además, hablando sin tapujos, la aventuras del hombre que ríe me aburren. Me interesa infinitamente más la relación que los niños establecen con la novia del Jefe (primero no la soportan y luego la idolatran) que no las aventuras del hombre que ríe, que por desgracia ocupan más líneas. Sin embargo, es otra historia sobre lo doloroso que es crecer, sobre el final de la infancia entendida como una época en la que se desconoce el significado de la palabra “decepción”, y esto está bien, muy Salinger todo.