viernes, 8 de mayo de 2015

'Vidas erráticas' de Gianni Celati



'Vidas erráticas' es costumbrismo italiano existencialista. Son tres relatos cortos que mezclan humor con nostalgia y melancolía. El primero está protagonizado por los dos peores alumnos del colegio, los que se sientan en el último banquillo, pero siempre suspenden, aunque no les importa demasiado, así que se dedican a callejear durante todo el día. Uno es apático y ensimismado, y parece que no hay nada que le interese, mientras que el otro es más parlanchín, aunque sus temas de conversación y su vocabulario son más bien escuetos, y prácticamente lo único que le interesa son las mujeres pechugonas. 

El segundo cuento está protagonizado por un chico estudioso y aplicado que, a la muerte de su padre, tiene que dejar los estudios para sentarse detrás del mostrador de un estanque y escuchar las conversaciones banales de los viejos que lo frecuentan, mientras él reflexiona sobre cuestiones peliagudas como por ejemplo qué valor tiene el individuo frente a las masas y al universo. Y finalmente el tercer relato está centrado en un escritor de novelas históricas, reconocido y premiado pero algo apolillado, que nunca ha dudado que su fama es merecida hasta que un día, por casualidad, oye un joven que lo critica. 

Sin embargo, no se trata de historias independientes, ya que todas están ambientadas en la misma ciudad de provincias, el narrador es el mismo, hay personajes que aparecen en más de un relato y el final enlaza con el principio de una manera original e inesperada. 'Vidas erráticas' es un libro fresco y vivo, tanto que su estilo puede parecer improvisado y errático, cuando es todo lo contrario, y ahí es donde radica el mérito: hacer que algo tan meditado y hasta cierto punto artificioso parezca algo natural, tangible. 


jueves, 5 de marzo de 2015

'Sin destino' de Imre Kertész





Cierto que de novelas escritas por sobrevivientes del Holocausto hay bastantes y que todas son igual de necesarias, pero creo que no es menos cierto que algunas van mucho más allá del documento histórico y se convierten en literatura de altísimo nivel. Lo que primero sorprende de 'Sin destino' de Imre Kertész es que está narrada y protagonizada por un chico de 14 años. Su mirada es, por lo tanto, inocente, casi ingenua. Estremecedor es el momento en que él y sus compañeros llegan a Auschwitz, ven los presos, piensan que estos son criminales que han sido encarcelados por haber cometido un crimen, y ni sospechan que es el destino que a ellos les espera (si tienen la suerte de esquivar las cámaras de gas). 

También es inquietante, pero comprensible, la forma en que el narrador acepta lo que va ocurriendo, los hechos atroces, como si fuera lo más natural del mundo. “Es natural” repite, y también: “Es comprensible; en su lugar yo haría lo mismo”. El tono es desafectado, un punto distante en algunos momentos. Aún así, también hay espacio para describir la belleza y la bondad, lugar para la calma y la paz interior, e incluso el sentido del humor. 

Sí, es angustiante leer cómo el sufrimiento hace caer el protagonista en la desesperanza, hasta el punto que deja de importarle si vive o muere. Queda despojado de toda individualidad y todo deseo de seguir luchando. El instinto de supervivencia tiene un límite y él lo sobrepasa. Pero, luego, algo tan banal como el olor de la sopa que reparten, le hace revivir. En él último instante se da cuenta que no quiere morir, que quiere volver a probar sopa una vez más, y así día tras día, paso tras paso. 

Y a pesar de todo, Kertész quiere dejar claro que incluso en los campos de concentración se cuela la alegría por estar vivo. Es precioso cómo describe el momento en que los presos vuelven del trabajo y hasta que no es la hora de la cena, ya que es el momento en que todos se apresuran a hacer sus cosas, hablar con los otros y compartir lo que les ronda en la cabeza. También son de lo más bonitos y emotivos los momentos de camaradería entre los personajes y los gestos de bondad desinteresada que pueden tener unos con otros. Y es que 'Sin destino' es un libro muy duro, por supuesto, pero también es tierno y extrañamente optimista, un auténtico canto a la vida. 



viernes, 6 de febrero de 2015

'Todo lo que hay' de James Salter



Para ser escrita por un hombre blanco hetero (muy macho) de casi 90 años, 'Todo lo que hay' no está nada mal. Lo más curioso es que esta novela de James Salter me gusta a pesar de sus defectos, a pesar de mis fobias, a pesar de todo. Me cuesta encontrar otra razón para justificar mi gusto por este libro que no sea la de que “está bien escrito”. Esto es algo raro en mí, ya que lo que a mí me suele interesar de la literatura son los personajes, personajes multidimensionales, complejos e incluso contradictorios. Y de este tipo de personajes no hay ni rastro en 'Todo lo que hay'. Todos son terriblemente planos e insulsos. Especialmente las mujeres; todas ellas son cuerpos de Diosas de una belleza perfecta que sirven como excusa para describir la gran potencia sexual del protagonista. Evidentemente esto para mí es (como mínimo) exasperante pero, lo dicho, a pesar de todo, el libro me ha gustado. 

En una conversación entre el protagonista y su amigo (ambos editores), éste comenta que no le gustan los libros que describen directamente a los personajes, que prefiere que los personajes sean descritos a través de los diálogos que tienen, de las palabras que dicen y cómo las dicen. Supongo que ésta es la idea que hay de fondo, porque los personajes hablan mucho. Hablan mucho, pero básicamente de nada, aunque en unas pocas ocasiones hablan de libros y entonces es magnífico. Aunque, de hecho, incluso cuando hablan de nada, las conversaciones son reales, vivas, veraces. Es la prosa lo que salva y eleva esta novela. A Salter no le interesa crear personajes profundos ni narrar una trama interesante, sino desplegar un estilo impresionista, con pinceladas vigorosas, coloristas y evocadoras de sensaciones subjetivas e identificables. 

Quizás deba anotar ahora de qué va el libro, por más que dude que valga la pena. La historia empieza en un barco de la marina en el Pacífico durante la segunda guerra mundial y después se traslada al mundillo editorial, un mundillo privilegiado lleno de fiestas y cenas selectas y líos de faldas. Suena bastante anodino, ¿verdad? Pero mientras tanto la vida va pasando y el protagonista se va haciendo mayor, buscando un lugar (o una persona) que pueda llamar hogar, sin nunca acabar de conseguirlo. Aún así, tampoco da mucha pena porque es un tipo bastante egoísta y a veces incluso directamente rastrero. Pero, afortunadamente, la novela en realidad es una novela bastante coral: nos va contando las vidas (con sus buenos y malos momentos) de los personajes que se cruzan con el protagonista, unas vidas presentadas de una forma sucinta pero vívida, de una forma que en ocasiones me ha recordado un poco a los relatos de John Cheever. 

No hay duda que James Salter es un estilista y a mí los estilistas (en el sentido de escritores los cuales por lo que más/único que se preocupan es el estilo), con suerte, me suelen dejar fría, cuando no me irritan. Pero Salter lo es sin dejarse llevar por las florituras; él es poéticamente conciso. Y (paradójicamente o no) gracias a su estilo (que no deja de ser un lenguaje que antes que nada llama la atención sobre sí mismo) consigue insuflar vida a lo que escribe. Sus conversaciones son realistas y casi tangibles, los momentos que relata pueden ser banales pero también auténticos, y las sensaciones que describe son reconocibles y abrumadoramente corpóreas. 

martes, 20 de enero de 2015

'Solo en Berlín' de Hans Fallada




Hans Fallada escribió (las más de 500 páginas de) 'Solo en Berlín' en 1946, en apenas cuatro semanas. A veces me ha dado la sensación de que esto se nota en los diálogos apresurados y los sucesos encadenados; pero otras veces me he dicho que no se nota para nada, porque es una maravilla cómo los pequeños detalles que parecían ser intrascendentes acaban siendo vitales y encajando unos con otros de forma perfectamente calculada. 

Para escribir esta novela Fallada se inspiró en un suceso real, el de un matrimonio humilde de Berlín que durante el nazismo se dedicó a escribir y distribuir postales subversivas contra el régimen, hasta que acabaron siendo descubiertos y ejecutados. Fallada se toma algunas licencias respecto a la realidad estricta con el propósito de convertirla en una novela coral que describa la vida cotidiana del pueblo alemán bajo el nazismo. 

Así, Fallada no nos relata sólo la historia de un matrimonio humilde que, después de perder a su hijo en la guerra, decide resistir y enfrentarse a una dictadura que considera injusta, aunque sea con acciones pequeñas, sino también la de los judíos perseguidos, la de los delatores de baja estofa, la de los que sólo quieren pasar desapercibidos, la de los delincuentes de poca monta, la de los altos cargos hedonistas, la de los que aspiran a ser un día altos cargos y que no gastan ningún tipo de escrúpulo, etc. 

'Solo en Berlín' nos transmite muy bien el angustioso ambiente de miedo y paranoia que se debía respirar en la Alemania de esos días, en la que todo el mundo tenía algo que esconder por más que fuera totalmente inocente. Esto me ha gustado mucho. También me ha gustado mucho que el matrimonio protagonista sea formado por Otto y Anna, dos personas grises y simples, y que estos no sean descritos bajo una luz idealizadora y heroica. 

Fallada es un escritor directo, a veces demasiado directo, de modo que en algunos momentos la forma en que se cruzan las vidas de los personajes es algo forzada, y hay algunas escenas demasiado obvias e incluso peripatéticas. Pero, por otra parte, luego hay escenas de una delicadeza, una sensibilidad y una sutilidad maravillosas. Así, me ha encantado la relación que hay entre marido y mujer. Otto es un hombre frío, introvertido, rudo y seco, y Anna le va a la zaga. Pero aún así, en pequeñas cosas, se puede ver lo mucho que se quieren, que prácticamente sólo viven por el otro y que los dos forman un todo. Sorprende ver una representación tan bonita y sencilla del amor en una obra tan dura. 

Otras escenas que me han parecido preciosas han sido las de la relación de Otto con su compañero de celda, un director de orquesta culto y sensible, que le enseña a jugar al ajedrez y le insinúa el poder benéfico de la música, pero que también le muestra que en la vida hay algo más que trabajar, que hay pequeños placeres de los que se puede disfrutar, y entre estos placeres el de la conversación, la amabilidad y la generosidad no son de los menores. Así, en la cárcel, a las puertas de la muerte, el protagonista siente por primera vez unos sentimientos que son nuevos para él e incluso se llega a arrepentir de haber llevado una vida como la que ha llevado, fría y áspera. Y éste es un clímax verdaderamente precioso para una novela que describe un mundo tan cruel. 

sábado, 3 de enero de 2015

Libros en el 2014

Mis propósitos como lectora para el 2014 eran básicamente leer libros más gordos y se puede decir que lo he conseguido. He leído 17 libros de más de 350 páginas y, entre estos, ocho de más de 500. En total he leído unas 16.400 páginas, que es un nombre más bonito que decir que no he llegado a leer 50 libros en un año (me he quedado en 46). Aún así, en todos los sentidos, he leído más que el año pasado y creo que puedo decir “misión cumplida” (por más que no haya leído todos los libros que marqué como “para leer”, pero sí la mayoría).

Este año he seguido disfrutando de los cuentos de Alice Munro y los novelones de Eça de Queirós, he confirmado el talento de Sofi Oksanen e Iris Murdoch, he descubierto a escritores que sin duda voy a seguir leyendo como Karl Ove Knausgård y Edna O'Brien, me he reconciliado con Virginia Woolf (gracias a 'Al faro`), me he maravillado entre grandes novelas con trasfondo histórico como 'Las aventuras del buen soldado Svejk' o 'En tiempos de luz menguante' y también 'Solo en Berlin', y me he sorprendido a mí misma disfrutando de libros contemporáneos como 'Qué fue de Sophie Wilder' y 'El ensayo general'.

Ahora la lista completa (con los favoritos en negrita):

  1. 'Las grandes familias' de Maurice Druon
  2. 'La tercera mentira' de Agota Kristof
  3. 'Del álbum de un cazador' de Ivan Turguéniev
  4. 'La impaciencia del corazón' de Stefan Zweig
  5. 'La mujer de púrpura' de Jeanette Winterson
  6. 'Escapada' de Alice Munro
  7. 'Las almas juzgadas' de Miklós Bánffy
  8. 'No soy Sidney Poitier' de Percival Everett
  9. 'Cuando las palomas cayeron del cielo' de Sofi Oksanen
  10. 'Tres hombres en una barca' de Jerome K. Jerome
  11. 'Memorias de la casa muerta' de Fiodor Dostoievski
  12. 'La casa de hojas' de Mark Z. Danielewski
  13. 'Un día es un día' de Margaret Atwood
  14. 'L'altra' de Marta Rojals
  15. 'El secreto' de Donna Tartt
  16. 'La ladrona de libros' de Markus Zuzak
  17. 'Qué fue de Sophiel Wilder' de Christopher R. Beha
  18. 'La tragedia de la calle de las Flores' de Eça de Queirós
  19. 'El ensayo general' de Eleanor Catton
  20. 'El libro de la felicidad' de Nina Berberova
  21. 'En tiempos de luz menguante' de Eugen Ruge
  22. 'La escoba del sistema' de David Foster Wallace
  23. 'Vera' de Elizabeth von Arnim
  24. 'Yonqui' de William S. Burroughs
  25. 'Las chicas de campo' de Edna O'Brien
  26. 'La muerte del padre' de Karl Ove Knausgård
  27. '14' de Jean Echenoz
  28. 'Al faro' de Virginia Woolf
  29. 'Los Buddenbrook' de Thomas Mann
  30. 'Tierra desacostumbrada' de Jhumpa Lahiri
  31. 'Yo serví al rey de Inglaterra' de Bohumil Hrabal
  32. 'Me casé con un comunista' de Philip Roth
  33. 'Verano en el lago' de Alberto Vigevani
  34. 'Los siete años de abundancia' de Etgar Keret
  35. 'Las aventuras del buen soldado Švejk' de Jaroslav Hašek
  36. 'El cuaderno invisible' de Daniel Mueenuddin
  37. 'Vamos a calentar el sol' de José Mauro de Vasconcelos
  38. 'El príncipe negro' de Iris Murdoch
  39. 'Historias de cronopios y de famas' de Julio Cortázar
  40. 'La historia siguiente' de Cees Nooteboom
  41. 'El libro de la señorita Buncle' de D.E. Stevenson
  42. 'Solo en Berlín' de Hans Fallada
  43. 'Amistad de juventud' de Alice Munro
  44. 'El rayo mortal' de Daniel Clowes
  45. 'El maestro de almas' de Irène Némirovsky
  46. 'Crisis (de ansiedad)' de Juanjo Sáez
Y para éste año 2015 voy a seguir con mi propósito de seguir leyendo libros largos (además de más libros escritos por mujeres y de autores no anglosajones) y, sobre todo, seguir disfrutando de la lectura sin estresarme ni con números ni con propósitos. Estos son algunos de los libros gordos que pretendo leer.
  1. 'El reino dividido' de Miklós Bánffy
  2. 'El libro del desasosiego' de Fernando Pessoa
  3. 'El arco iris de la gravedad' de Thomas Pynchon
  4. 'Lobo entre lobos' de Hans Fallada
  5. 'Un hombre enamorado' de Karl Ove Knausgård
  6. 'Servidumbre humana' de William Somerset Maugham
  7. 'Las confesiones de un italiano' de Ippolito Nievo
  8. 'Las escaleras de Strudlhof' de Heimito von Doderer
  9. 'Tenemos que hablar de Kevin' de Lionel Shriver
  10. 'El jilguero' de Donna Tartt
  11. 'Estambul era un cuento' de Mario Levi
  12. ‘Una mujer difícil’ de John Irving

Y en el banquillo dejo cuatro que me producen un respeto especial, que quiero leer algún día pero no sé si me acabaré de atrever.

  • 'Caramelo' de Sandra Cisneros
  • 'El plantador de tabaco' de John Barth
  • 'Los detectives salvajes' de Roberto Bolaño
  • 'Herzog' de Saul Bellow

sábado, 13 de diciembre de 2014

'Vamos a calentar el sol' de José Mauro de Vasconcelos



Más de una vez me he dicho que se ha acabado, que no voy a leer nunca más otro libro sobre un niño que se hace mayor, que ya he leído un montón (porque hay a patadas) y que ya estoy harta del punto de vista masculino. Sin embargo, por una razón u otra, también más de una vez he roto esta semi-promesa y he vuelto a leer otro libro sobre el abandono de la infancia y la pérdida de la inocencia de un personaje masculino. Pero esta vez, por una vez, no me he arrepentido de haberme saltado mi norma no escrita, porque 'Vamos a calentar el sol' es, sin duda, un libro especial, diferente. 

El libro de José Mauro de Vasconcelos derrocha la imaginación desbordante de la infancia y hace gala de una hipersensibilidad a flor de piel, lo cual le lleva a hacer equilibrios en la fina y peligrosa línea que separa lo tierno de lo cursi. Para mí, nunca cae en el azúcar empalagoso, pero puede que no todo el mundo piense así. La novela está llena de momentos e imágenes sentimentales, pero mi preferida es la que da origen al título: todos tenemos un sol dentro de nuestro corazón y, cuando estamos tristes, este sol se va enfriando y tenemos que ponernos a hacer algo bonito, algo que nos guste, para así calentar nuestro sol y evitar que se apague. 

'Vamos a calentar el sol' es un libro semi-autobiográfico, cuyo protagonista es Zezé, un niño que se va a vivir con unos parientes ricos de la ciudad para poder estudiar y así, el día de mañana, ayudar a su familia pobre. Pero Zezé no tiene muchos amigos (en realidad sólo uno), encuentra fríos a sus padres adoptivos, y se siente solo y atrapado. Pero, por suerte, un día se encuentra un sapo cururú que le propone que vivirá en su corazón, le hará siempre compañía y sólo lo dejará cuando Zezé ya no le necesite. Más adelante, otro golpe de suerte hace que el actor Maurice Chevalier pase a ser su padre adoptivo y le de todos los mimos y cariños que el matrimonio que lo acoge no le da, porque el mismo Zezé se comporta de forma fría con ellos. 

Este carácter sensible e imaginativo hasta el exceso, a mí nunca me ha molestado; es más, me ha gustado. En cambio, a veces Zezé me ha cargado un poco, por lo quejica que es, porque no sabe valorar a sus padres adoptivos, porque sus travesuras son cansinas y al final siempre sale de rositas, etc. Pero todo queda compensado por un magnífico capítulo final. En él, Zezé ya no es Zezé, sino un hombre maduro y desengañado, que recuerda con melancolía y nostalgia su infancia. 


martes, 25 de noviembre de 2014

'El príncipe negro' de Iris Murdoch




'El príncipe negro' se parece muy mucho a la otra novela de Iris Murdoch que he leído, 'El mar, el mar', hasta el punto que a veces parecen dos versiones de un mismo punto de partida: un tipo bastante detestable y nada fiable como narrador, en plena pre-crisis de los 60, se empeña en vivir una historia de amor algo ridícula, mientras a su alrededor se congregan una serie de personajes que le estorban en su empeño. Se ve que no es porque todas las novelas de Murdoch se parezcan tanto, sino porque yo he escogido las dos que más se parecen. Pero aún así, las dos tienen muchas particularidades que las revisten de una personalidad propia.

Ahora mismo, si me preguntarais a qué otro escritor se parece Murdoch, sin dudarlo respondería que Vladimir Nabokov. Los dos comparten la ironía, un sentido tragicómico de la existencia, la misantropía, una preferencia por los narradores en primera persona nada fiables, y la concepción de la literatura como un juego entre escritor y lector. Además, 'El príncipe negro' en concreto me recuerda a 'Lolita', porque el protagonista de 58 años se enamora de una chica de 20, porque hay un prólogo de un supuesto editor y un asesinato por celos, y porque una interpretación posible de las novelas es que buena parte de la acción ha ocurrido sólo en la cabeza del narrador/protagonista, que quizás esté loco o quizás esté perfectamente cuerdo.

El protagonista de 'El príncipe negro' es Bradley Person, un trabajador de Hacienda retirado, que publicó un par de libros hace muchos años y ahora se propone escribir su gran obra. Bradley tiene un amigo, Arnold Baffin, también escritor, pero con la pequeña diferencia que éste es prolífico y con mucho éxito de público. Los dos mantienen una relación ambigua, llena de celos, resentimiento y sentido de superioridad. Se podría decir que los dos compiten por la atención de tres mujeres, la esposa de Arnold, la hija de éste y la ex-mujer de Bradley. Hay también dos personajes aún más segundones: la hermana de Bradley (que abandona a su marido y se pasa el libro llorando entre ataques de histeria) y el hermano de la ex-mujer de Bradley (que es el que insinúa en voz alta que Bradley en realidad está enamorado de Arnold).

Una de las escenas culminantes de la novela es una discusión sobre 'Hamlet'. ¿Está Hamlet enamorado de Ofelia, de Gertrudis, de Claudio o de Horacio? (Dicho sea de paso, yo debo ser la única persona a la que le gusta pensar que Hamlet está enamorado de Laertes). En el fondo no importa; todas las lecturas son válidas y se enriquecen las unas a las otras. Tampoco importa decidir si el fantasma del padre es real o no. Tampoco importa dilucidar cuánto hay de verdad o de mentira en lo que cuenta Bradley, porque nunca lo sabremos. El libro se termina con epílogos escritos por los otros personajes que ponen en duda lo que cuenta Bradley, pero también queda claro que estos narradores tampoco son fiables, porque aprovechan para venderse a ellos mismos y a su versión de la verdad.

Otra de las escenas culminantes es la noche en la ópera de Bradley y su amada, que termina con él vomitando en los zapatos de ella y confesándole su gran amor, un amor tan súper intenso que llega hasta el paroxismo. Dejo caer este dato para que veáis el sentido del humor que gasta Iris Murdoch. Pero no siempre es así, a veces gasta una ironía sutil, tan sutil que no sabes si está hablando en serio o te está tomando el pelo. Sea como sea, a mí me parece una novela muy divertida, además de original e inteligente, y con un ritmo endiablado: continuamente pasan cosas y continuamente hay giros inesperados (un ritmo que, para seguir con las comparaciones, diré que me recuerda el de Dostoievski). Es una novela intensa y compleja, que continuamente hace guiños al lector.



lunes, 17 de noviembre de 2014

'Las aventuras del bueno soldado Švejk' de Jaroslav Hašek



'Las aventuras del bueno soldado Švejk' puede que sea el libro más divertido que he leído nunca y sin duda es la mejor parodia anti-bélica que he podido encontrar. El bueno de Švejk puede que sea un poco corto de entendederas, pero es un pozo sin fondo de anécdotas intrascendentes. Se mete siempre en unos líos demenciales, pero nunca a posta. Su mayor problema es que se lo toma todo al pie de la letra, es incapaz de entender un doble sentido o un sarcasmo, y cree ciegamente que la institución del ejército es infalible.

Švejk empieza sus peripecias cuando se presenta voluntario para luchar en la primera guerra mundial, pero a raíz de un malentendido las cosas se complican hasta el absurdo y el buen soldado acaba siendo acusado de desertor. Entonces empieza para él un periplo de desfilar ante tribunales militares, policías, médicos, jueces, que se supone que tienen que juzgar si está capacitado o no para luchar en el ejército. Él lo acepta todo con buen ánimo, porque tiene la firme convicción que la autoridad siempre tiene razón.

Algunos de los que se encuentran con Švejk creen que es un idiota (y si le preguntan, él responderá que sí que es un idiota, porque en el servicio militar efectivamente le declararon como tal). Por otra parte, otros piensan que es un caradura sarcástico que se está burlando de ellos en sus narices. Pero todos acaban, tarde o temprano, perdiendo los nervios con él, por sus meteduras de pata, por su verborrea parlanchina que nunca se agota, y/o por su incapacidad de entender lo que es una pregunta retórica y morderse la lengua. Así que continuamente le caen amenazas de tribunales de guerra y se pasa sus buenos ratos castigado en calabozos. Sin embargo, su buen ánimo no decae nunca, ni tampoco el respeto por sus superiores.

De esta forma, Jaroslav Hašek construye una obra con aires de novela picaresca, con un humor absurdo delicioso, un lenguaje fresquísimo y una crítica brutal a la guerra pero también, de paso, a todas las instituciones jerárquicas; no sólo el ejército, sino también la iglesia, la policía, la política, etc. Es como un gran fresco que parece que lo abarca todo, en parte gracias al montón de anécdotas irrelevantes que el soldado Švejk suelta a la mínima ocasión, unas historias dentro de la historia que por lo general ridiculizan con una ironía salvaje los defectos humanos. Sí, definitivamente se trata de una novela bastante salvaje, en el sentido que no deja títere con cabeza y que es desenfadada hasta el descaro. Es una obra maestra de lo más intensa, con un ritmo trepidante, un humor desternillante y una crítica mordaz. Es una obra total, valiente y viva, incomparable, única.  

miércoles, 1 de octubre de 2014

'Los Buddenbrook' de Thomas Mann



Hace tiempo vi una adaptación cinematográfica de 'Los Buddenbrook' y resultó ser esa típica adaptación de un novelón decimonónico que es demasiado encorsetada y que se apresura a contar todos los hechos de la trama para cumplir con su obligación, pero le falta algo, hasta el punto que acaba resultando fría e impersonal. Aún así, me interesó e intrigó lo bastante como para proponerme leer algún día la novela de Thomas Mann en que se basaba. Por fin lo he hecho y tengo que decir que la sensación que me ha producido la novela es bastante parecida a la que me proporcionó la película: reconozco que hay potencial, no se me hace aburrida, pero le falta algo. 

En todas las casi 900 páginas sólo ha habido dos escenas que me han parecido de una intensidad ejemplar. El resto es todo muy blando, muy previsible, muy insípido. La primera escena en cuestión es la de la revolución que quiere emprender el pueblo, que acaba siendo una farsa porque los obreros están desorganizados y no tienen nada claro qué es lo que quieren, pero esto no impide que todos los burgueses se parapeten en el consejo, acojonados de miedo. Y la segunda escena es la que se produce después de la muerte de la matriarca de la familia: los tres hijos se quejan que los sirvientes (como es tradición) se afanen a repartirse la ropa de la difunta, para luego disponerse a hacer lo mismo y repartirse la herencia, acabar discutiendo, sacar los trapos sucios y montar una escena de lo más esperpéntica. Prácticamente sólo en estas dos escenas Mann hace gala de unos tintes satírico-críticos y una fuerza dignas de elogio. El resto es todo muy descafeinado. 

Me ha interesado también el tema de la tensión que se establece entre lo que las convenciones esperan que sean los personajes y su verdadera personalidad, la relación entre introspección y enfermedad, y la enfermedad como manifestación de la auténtica personalidad. Si el heredero Thomas no puede ser tan buen negociante como sus antepasados es porque, a diferencia de estos, él se examina a si mismo, y es entonces cuando salen las dudas, la apatía, el trastorno obsesivo-compulsivo, los dolores de muelas. Por su parte, Toni, la hija, es una especialista en reinventarse, en sobreponerse a los fracasos de su vida aceptándolos como parte del papel que le ha tocado interpretar en una gran obra, de ahí sus arranques melodramáticos, pero también el dolor de estómago que la tortura. Y finalmente está Christian, que es el que me parece más interesante; Christian es el hermano pequeño, histriónico y exageradamente hipocondríaco, un exhibicionista de sus males y pesares, un profesional del solipsismo. Si Thomas lo odia tanto es porque Christian, al no ser el heredero, se puede permitir ser abiertamente hipocondríaco y rehuir las responsabilidades, algo que a Thomas le encantaría poder hacer. Y si esta generación ya caía en el vicio del auto análisis y, en consecuencia, era presa fácil de las inseguridades; luego viene el pequeño Hanno, un niño hipersensible hasta límites ridículos. 

Diría que 'Los Buddenbrook' toca temas interesantes, y de una forma relativamente novedosa, pero se hace repetitiva y, por lo tanto, previsible. Es de esos libros que tienen mucho potencial y que te gustaría que fueran mejores, pero que no lo acaban siendo nunca. Nunca se hace aburrido pero sí tópico. Y para rematarlo llega un final que, después de casi 100 páginas para relatarnos un día cualquiera en la vida del estudiante Hanno (con una detallada y repetitiva descripción de cómo el sistema educativo está corrompido y, por extensión, toda la sociedad), es abrupto y anticlimático. En general a toda la novela le falta garra, fuerza, personalidad. A veces me da la sensación que es como si Mann quisiera demasiado escribir una saga familiar que lo haga famoso, incluyendo todos los ingredientes que se supone que se tienen que incluir, y acabar con ello lo antes posible. 

sábado, 13 de septiembre de 2014

'Las chicas de campo' de Edna O'Brien



'Las chicas de campo' es una novelita de Edna O'Brien, que causó bastante revuelo en la Irlanda natal de la autora en el momento de su publicación, porque habla sin tapujos de cosas como el despertar de la sexualidad feminina o de relaciones de adolescentes con hombres mayores casados. Pero supongo que tampoco ayuda que haya padres borrachos y ausentes, madres presumidas y vanidosas, monjas estrictas y crueles, etc. Dicho así parece que el libro sea un melodrama bastante insufrible, pero es todo lo contrario: es cierto que todo tiene cierto tono dramático pero no es menos cierto que todo está contado con aire de comedia. 

Kate y Baba han sido amigas des de la infancia, por más que su amistad esté llena de envidia, egoismo, pullas y puñaladas traperas. A veces se me hacía difícil entender por qué Kate aguantaba a Baba, pero supongo que es porque no tienen a nadie más y se necesitan la una a la otra. Kate y Baba son las chicas de campo y vemos cómo se van haciendo mayores en tres escenarios distintos: primero en las granjas dónde han nacido, luego en un internado religioso sólo para chicas, y finalmente en Dublín. 

Confieso que tengo cierta debilidad por las novelas que se centran en chicas que crecen, que pasan de la infancia a la adolescencia, y de la adolescencia a la juventud. Pero ésta me ha parecido especialmente brillante: el estilo es fresco y vívido, los escenarios cobran vida con una facilidad 
asombrosa, y los personajes (tanto principales como secundarios) parecen tan reales que es como si los hubiéramos conocido en nuestra vida. Es realmente una novela llena de vida, y encima también es desenfadada y divertida. Es una novela sincera y auténtica, una verdadera delicia. Es cierto que el final es algo inconcluso, pero esto es porque es la primera parte de una trilogía, que por supuesto tengo muchas ganas de seguir leyendo. 


sábado, 6 de septiembre de 2014

'Vera' de Elizabeth von Arnim



Lucy es una joven que se ha criado rodeada de intelectuales por más que ella no sea una y el señor Wemyss es un hombre ya maduro al que le gustan las cosas claras y el chocolate espeso. Los dos se conocen cuando acaban de perder a un ser querido, se comprenden, se consuelan en su tristeza, y finalmente se enamoran. Sólo que esto es sólo el principio. Se dice que para escribir el personaje de Wemyss, Elizabeth von Arnim se inspiró en su segundo marido y, aunque sólo se inspirara un poquitín en él, me sabe mal por ella, porque el personaje tiene tela. La tía de Lucy, la señorita Entwhistle, ya intuye esto, pero es lo suficientemente perspicaz como para saber que oponiéndose a esta relación no conseguirá nada, así que decide apoyarla pero sin mucho entusiasmo.

Llegados a este punto quizás os preguntéis quién es la Vera del título. Tanto si es así como no, yo os diré que es la primera mujer de Wemyss, que murió en circunstancias algo misteriosas. Vera está ausente y a la vez presente en casa de Wemyss; es una presencia inquietante pero también puede ser extrañamente reconfortante. Pero esta novela de Elizabeth von Arnim tampoco es un cuento gótico, aunque tiene elementos del género. En todo caso es más un thriller psicológico. Y no creo que esté diciendo nada de más si digo que el monstruo no es Vera sino Wemyss. Digo que no creo que esté diciendo nada de más, porque en el fondo el libro es muy previsible. Esta previsibilidad junto con una lentitud demasiado acusada a la hora de hacer avanzar la historia son los mayores defectos de la novela; al menos para mi gusto.

Los retratos psicológicos de von Arnim son complejos e interesantes. Ya durante el festejo, por los detalles que la autora va dejando caer, intuimos que Wemyss no es tan buena persona como aparenta. Y yo estaba impaciente para que por fin el tipo se quitara la máscara y se dejara ver tal cómo realmente es. Estaba realmente impaciente, porque ya he avanzado que la novela me ha parecido algo lenta. Pero el momento finalmente llega y vemos que Wemyss es un tipo controlador, caprichoso, prepotente, obsesivo, egoísta e infantil, hasta un punto tan grotesco que resulta cómico. Me resultó extraño que esta novela me hiciera reír, me pilló por sorpresa, pero realmente tiene un humor amargo y agresivo que me gustó mucho. Quizás Elizabeth von Arnim tenía que librarse de los malos recuerdos y la mejor forma era a través del humor, a través de ridiculizar a su marido. 

Pero aunque a veces resulte divertida, 'Vera' es en el fondo una novela triste: Wemyss es el típico marido abusivo y Lucy, como lo quiere, siempre busca excusas para justificarlo y cargar ella con las culpas. También tiene toques inquietantes y oscuros, y aunque me haya reído por el camino me dejó con cierto malestar en el cuerpo, porque no puedo evitar pensar que desgraciadamente es un libro aún válido, porque aún hay mujeres que se ven atrapadas en relaciones así y no pueden o no saben cómo escapar de ellas. 


martes, 19 de agosto de 2014

'En tiempos de luz menguante' de Eugen Ruge



'En tiempos de luz menguante' de Eugen Ruge es una novela que abarca 50 años de la historia de la Alemania del Este pero también 50 años de la historia de una familia, prácticamente cuatro generaciones. Hay múltiples puntos de vista, cada personaje tiene su voz (y estilo) particular, y la narración no es lineal sino que salta continuamente adelante y atrás en el tiempo. Es, por tanto, una obra ambiciosa, la primera novela de un escritor debutante, que sale airoso de los retos estilísticos y narrativos que se impone a sí mismo. 

Hay dos tramas que sobresalen, aunque sólo sea por su repetición en varios capítulos. Por una parte, los tumbos autodestructivos y posterior huida de Alexander, el nieto de la familia. Y por otra parte el noventa aniversario del gran patriarca, el abuelo Wilhelm, un hombre autoritario e intransigente que ha llegado a ser un héroe para el partido, como mínimo en apariencie. Éste aniversario se nos relata seis veces desde seis puntos de vista diferentes y nunca se hace repetitivo. Es todo un prodigio narrativo.

Los abuelos son comunistas que huyen de los nazis y se refugian en México, pero una vez allí tienen dificultades para volver a la patria, por culpa de los tejemanejes de otros miembros del partido. Ella es una mujer inteligente y brillante, una luchadora, pero todas sus expectativas quedan cortadas por la mediocridad de su marido. Su hijo se casa con una bella mujer rusa que saca de la miseria, pero igualmente se dedica a serle infiel mientras escribe obras históricas, es estricto e intolerante con su hijo, y se queja por lo bajo de la estrechez de miras del partido, pero no hace nada a propósito. Al hijo del hijo ya lo he mencionado, es el que va de error en error, de crisis existencial a crisis existencial, sin ser capaz de dar un rumbo fijo a su vida. Y luego está el biznieto que coquetea con la cultura capitalista de masas, el alcohol y las drogas. 

Pero el libro no sólo se limita a hacer una radiografía de la RDA a través de una saga familiar, también radiografía el alma humana, con todos sus negros y ponzoñosos defectos. Los padres son distantes, exigentes y fríos con los hijos, mientras que las madres son sobreprotectoras pero tampoco hacen ningún esfuerzo para entenderlos. Los hijos consideran tanto los padres como las madres unos carcamales de la prehistoria y por supuesto no intentan comprenderlos. Y luego están los odios y rencores que nacen cuando una pareja ya hace tiempo que convive y que no hacen nada más que agrandarse con el paso del tiempo. 

No hay ningún personaje que esté escrito para caer bien; todo lo contrario, son todos bastante detestables. Y lo que me ha gustado más de esta novela es cómo se odian los unos a los otros en esta familia. No de forma abierta, porque siempre guardan las apariencias, sino de una forma interiorizada, pero igualmente con un odio abrumadoramente intenso, que nace cuando el afecto ya se ha desgastado después de muchos años soportando pequeñas afrentas, que todas sumadas desembocan en un rencor, que se tiene que tragar y que envenena el propio cuerpo, y que sólo puede salir en contadas ocasiones en forma de pequeñas venganzas pasivo-agresivas, tan sutiles que uno no diría que estén hechas a propósito si no los conociera. 


lunes, 21 de julio de 2014

'El ensayo general' de Eleanor Catton



'El ensayo general' es una obra profundamente metaficcional, casi se podría decir metateatral, por más que no sea una obra de teatro sino una novela. Es imposible distinguir lo que es real y lo que es ficción, los hechos del teatro, pero tampoco importa, porque tanto si es realidad como invención, se trata de historias, y al fin y al cabo todos nosotros también nos dedicamos a construir ficciones e historias que expliquen nuestra vida o la hagan más sencilla o más válida, y al cabo de un tiempo también acabamos olvidando qué es verdad y qué es mentira. 

En este debut de Eleanor Catton hay dos partes claramente diferenciadas, que se van intercalando, pero que acabarán entrecruzándose. Por un lado hay las consecuencias que desencadena la relación de un profesor con una menor y también la muerte inesperada de una adolescente. Por otra parte hay los primeros pasos de un postadolescente confuso e inseguro en una academia de teatro tan exigente que a veces sus métodos rozan el sadismo. 

La primera parte está protagonizada en casi su totalidad por personajes femeninos, que giran alrededor de una profesora de saxofón, manipuladora y cruel, que se aprovecha de la influencia (y/o el poder) que tiene no sólo sobre sus alumnas sino también sobre las madres de las alumnas. Esta primera parte está narrada como si fuera la descripción del ensayo general de una obra teatral basada en hechos reales, por lo tanto hay una alta dosis de artificio, los personajes son conscientes que están interpretando un papel, y sin embargo este truco posmoderno, en vez de restar o resultar gratuito, le añade capas de profundidad y nuevas lecturas e interpretaciones. 

La segunda parte, la del estudiante de teatro, en comparación, no me pareció tan interesante, ya que no es tan radicalmente original y novedosa, pero también porque por regla general siempre me interesan más las vicisitudes de personajes femeninos que los devaneos de un chico perdido (con las chicas, con los otros chicos y con su padre), porque esto es algo que ya he leído docenas de veces. Tampoco es aborrecible (ni mucho menos), pero en comparación sale perdiendo. 

Mientras, en un principio, esta segunda parte habla sobre todo de la idea de que todos en nuestra vida interpretamos un papel (o más exactamente más de uno, dependiendo de las circunstancias); la primera parte habla del despertar sexual y del fin de la inocencia. Pero lo interesante es ver cómo estos dos temas van entrecruzándose a medida que las dos partes también van confluyendo, hasta que al final acaban por resultar indisociables. Y es que se trata de una novela sorprendentemente bien construida, a la manera de una muñeca rusa, de modo que también acaba siendo una novela escurridiza, que no podemos etiquetar ni dominar ni explicar en su totalidad; pero esto es siempre magnífico. 

Lo que más me ha sorprendido de esta novela es que a pesar de su tono posmoderno, metaficcional y artificioso, no me ha parecido ni fría ni tampoco una simple pirueta formal. Es cierto que es una novela en cierto modo intelectualizada, pero esto no la perjudica, todo lo contrario. Es una obra cruda, sin concesiones sentimentales, directa y áspera, para nada amable. Encima,no hay ningún personaje que despierte simpatías genuinas. Pero es todo esto lo que la hace tan recomendable. A pesar de las diferencias, me ha recordado un poco a 'Picnic en Hanging Rock', no sólo porque las dos autoras sean neozelandesas, sino sobre todo porque comparten un cierto aire de misterio y una peculiar atmósfera etérea, que me han despertado sensaciones parecidas. 


 - Enlace a la reseña que me animó a leer 'El ensayo general'. 


martes, 8 de julio de 2014

'La tragedia de la calle de las Flores' de Jose María Eça de Queirós



'La tragedia de la calle de las Flores' no fue publicada por primera vez hasta 1980, 80 años después de la muerte del autor, el bueno de Eça de Queirós (antiguo conocido y admirado mío). Probablemente porque era demasiado fuerte para la época. Ahora, sin ser escandalosa, no deja de ser sorprendente y valiente, además de crítica y sarcástica, pero sin dejar de ser un novelón realista decimonónico de los que a mí tanto me gustan y, encima, relata tan bien las angustias del amor, desde una distancia irónica pero sin dejar de sentir simpatía por sus personajes, que son ya de por sí personajes ridículos, pero es que el amor aún los vuelve más ridículos si cabe.

Los protagonistas son Víctor, un joven con vagas veleidades literarias que trabaja (poco, muy poco) en un despacho y que depende económicamente de su tío, y Genoveva, una mujer mayor que él pero que aún conserva su belleza y que ha ido viviendo siempre del dinero de los hombres que seduce. Los dos coinciden, se atraen y a los lectores no nos quedará más remedio que seguir leyendo para ver si se lían o no. Aunque pronto esta intriga queda en segundo plano porque lo que realmente interesa es saber si las insinuaciones respecto a un secreto del pasado que va dejando caer el autor serán ciertas y, si son ciertas, cómo y cuándo se enterarán los protagonistas.

Como toda buena novela decimonónica hay duelos, que a mí siempre me encantan. Bueno, en este libro en concreto, hay dos amenazas de duelo, que rozan lo ridículo y que hacen que un personaje le entre un ataque de miedo bestial no una vez, sino dos. Pero a mí, los duelos cuánto más absurdos y más histéricos, más me gustan. Eça de Queirós aprovecha para burlarse de esta costumbre anacrónica, así como de la hipocresía de la sociedad de la época, de sus costumbres pretenciosas y de los pequeños vicios y grandes miserias de personajes que pasan por honorables. Cuánto más crítico y sarcástico se pone Eça de Queirós, más me gusta. Y es que además, su humor nunca es amargo, sino que se trata más bien de una ironía fina pero demoledora.

'La tragedia de la calle de las Flores' tiene una estructura, en mi opinión, simétrica: hay dos duelos, dos fiestas clave detalladas con profusión, dos cortejos, etc. Otro fuerte de Eça de Queirós es el de saber construir muy bien sus novelas, que se sustentan por sí solas sin que les sobre o les falte nada. Además, te engancha. Sabes que el clímax tiene que llegar tarde o temprano y lo esperas con ansia. Un par de veces está a punto de saberse todo, pero por caprichos del destino la resolución trágica se pospone un poco más. Así que seguimos leyendo con fruición, con una sonrisa en los labios pero a la vez con el corazón encogido, con un placer que pocos escritores saben proporcionar.



lunes, 30 de junio de 2014

'Qué fue de Sophie Wilder' de Christopher R. Beha



El título de 'Qué fue de Sophie Wilder' es bastante inequívoco; tal como se puede adivinar, la novela trata de averiguar qué le pasó a Sophie Wilder, qué le llevó a pasar de ser una escritora prometedora llena de vida y entusiasmo, a convertirse en alguien desengañado y sin ninguna ilusión. Pero una transformación parecida le pasa también a Charlie, el personaje que intenta averiguar qué fue de Sophie Wilder; así, Charlie pasa de ser un idealista a ser un cínico que no se toma en serio en nada y que se escuda detrás de una ironía amarga, aunque en el fondo probablemente desearía poder volver a una época en que había cosas que sí que tenían importancia e ideas que se podían defender de forma ardiente. En el fondo se trata de la transformación universal del postadolescente idealista en el joven desengañado al que ya le toca entrar en la madurez. 

Sophie y Charlie se conocen en la universidad y les gusta regalarse principios de historias, ya que comparten una pasión indomable por crear y escribir historias, hasta el punto que acaban confundiendo realidad y ficción. Su relación es tan intensa que les conlleva aislarse del mundo y, al ser tan intensa, inevitablemente se acaba rompiendo, porque los límites empiezan a ser difusos y la dependencia limitadora. Diez años después, se reencuentran y las cosas han cambiado mucho. Charlie, una vez más, jugará a inventarse una historia sobre Sophie, a la vez que Sophie inventa una historia sobre el moribundo padre de su marido, un hombre solitario y con muchos secretos. A veces, inventar historias puede ser un acto liberador que nos acerque a la verdad, pero otras veces buscar la verdadera historia puede llegar a destruirnos. 

La novela es un juego de espejos entre realidad y ficción, una acumulación de relatos en forma de muñecas rusas, un laberinto narrativo muy interesante y veraz. 'Qué fue de Sophie Wilder' es rabiosamente contemporánea pero a la vez tiene un aroma de novela clásica, una novela sobre el fin de las ilusiones de la juventud, sobre amores perdidos irrecuperables, sobre una pasión desmedida por la literatura, sobre la fe religiosa como intento de dar sentido a la vida, sobre expectativas no cumplidas y fracasos amargos, sobre el vacío de la realidad frente al poder de la ficción. Se trata, pues, de una novela muy muy recomendable, escrita con agilidad y desenfado, pero también sinceridad y emoción. 

miércoles, 4 de junio de 2014

'La ladrona de libros' de Markus Zusak



La verdad es que pensaba que odiaría con toda mi alma 'La ladrona de libros'. No porque parece que todo el mundo lo ama, sino por dos otras razones. La primera es que los libros sobre la Alemania nazi y/o el holocausto generalmente me producen urticaria, a no ser que los haya escrito un testimonio de primera mano; que alguien que no pasó por esta situación la use para colarnos un libro sentimental me parece casi moralmente reprobable. Y la segunda es porque me enteré que la narradora de la novela era la Muerte y este es el típico truco que el autor usa para parecer original e interesante, pero que no aporta absolutamente nada. Ahora puedo decir que no estaba equivocada. 

A ver, es cierto que el libro es sentimentaloide y se nota que nos está manipulando con los trucos más sucios que al autor se le ocurren para que lloremos a moco tendido. Y no es menos cierto que un narrador omnisciente de toda la vida sería más lógico que tener a la Muerte haciéndose la interesante y soltando digresiones que sólo hacen que entorpecer la trama real. Pero afortunadamente la Muerte la mayoría del rato parece sólo un narrador omnisciente de toda la vida y antes de llegar al debacle lacrimógeno del final en la novela hay momentos interesantes y tiernos sin ser pastelosos. 

Lamentablemente también tengo que decir que los personajes resultan planos y meras excusas para tener una trama. Así, la ladrona de libros es una niñita adorable y valiente a la que le gustan los libros, pero poco más. Y ya que estamos puestos, otro problema es que los personajes están demasiado idealizados, visten demasiado a la perfección el encorsetado papel de resistentes valerosos ante la barbarie nazi. El personaje que me ha gustado más ha sido el de la madre adoptiva, que por fuera es una mujer brusca y aparentemente fría, pero en realidad tiene un corazón bondadoso. Otro tópico, cierto; pero está bien llevado. Quizás lo que haya hecho que no odie la novela es que, si bien está llena de tópicos, en general todos están bien llevados. 

A parte de tener la Muerte como narradora, hay otros tics estilísticos que son igual de insoportables porque no aportan absolutamente nada, como ciertas filigranas tipográficas y el uso sin ton ni son de palabras en alemán en medio de la narración. Además, el amor por los libros que quiere transmitir la novela es demasiado abstracto para mi gusto, muy funcional y desapasionado. 

Y a pesar de todo, no he odiado el libro. Quizás es que yo también me he dejado manipular por él, pero lo cierto es que me han gustado sobre todo las partes más costumbristas, como el aprendizaje de la lectura por parte de la protagonista, los partidos de fútbol y los juegos con su mejor amigo, las tareas que le encomienda su madre y que al principio cumple de mala gana, el ambiente que se respira en ese barrio pobre del extraradio, etc. Hay momentos que realmente valen la pena y, como ya he apuntado, aunque la trama y el estilo sean muy manidos, funcionan bastante bien.  


martes, 27 de mayo de 2014

'El secreto' de Donna Tartt



'El secreto' de Donna Tartt es otra novela de culto que a mí no me ha impresionado nada. Creo que el planteamiento inicial es muy prometedor, pero luego es llevado a cabo de una forma decepcionante y superficial. Va de unos estudiantes universitarios de griego clásico, esnobs, amorales y (aparentemente) literarios, que deciden matar a un compañero que les estorba. No se puede negar que es un punto de partida muy atrayente, pero poco a poco me fui dando cuenta de que en realidad hay mucha apariencia y poca sustancia.  

Es cierto que se lee rápido (aunque quizás básicamente sea porque hay mucho diálogo) y no es menos cierto que la novela transmite cierta sensación de desasosiego y trajín que te engancha. Pero el estilo es plano, muy funcional, sin nada distintivo. Además, la intriga es bastante poca cosa. Todo el rato estuve esperando una revelación que dotara a la historia de algún elemento inesperado y/o profundo que redimiera esta supuesta intriga que no es nada intrigante. Pero nunca llega. Es todo tan terriblemente previsible que cuesta de creer. 

Luego están los personajes, que en un principio también parecen más interesantes de lo que en realidad resultan ser. Van de elitistas y especiales, pero son simples arquetipos, planos y aburridos. Son descritos de forma tan superficial que es imposible encontrar un rasgo de carácter que los distinga unos de otros. Así, entre el grupo estos estudiantes de griego sólo se distinguen porque uno es el narrador de origen humilde, el líder es el más pedante e insufrible, luego hay un homosexual declarado, dos gemelos (chico y chica), y el tipo al que matan. 

El único personaje que me ha despertado algo de curiosidad ha sido el de Bunny, el asesinado (tranquilo todo el mundo que no estoy diciendo nada de más, esto ya se nos revela prácticamente en la primera línea). Es el único que posee alguna contradicción que llega a parecer interesante: es el típico joven americano saludable y popular pero decide estudiar griego, no tiene ni un duro y va gorreando por ahí, es un malísimo estudiante pero se las va arreglando para parecer que es inteligente, y aún me estoy preguntando si es un buen tipo o un mal tipo, cosa que quiere decir que ( a diferencia de los otros) tiene cierto grado de ambigüedad que al menos lo hace algo real. Me hubiera gustado conocer el punto de vista de Bunny de toda la historia, sinceramente creo que la habría hecho más interesante. 

Y sintiéndolo mucho aún hay más. Me esperaba que fuera una novela que explorara de forma más interesante la cultura griega, pero cuando hace referencia al tema es sólo como un tipo de justificación argumental bastante patillera. También me esperaba más referencias literarias en general, pero si se menciona algún libro u autor es de forma totalmente incidental. Excepto en una sola ocasión. Es cuando un personaje comenta que parece que están viviendo una novela de Dostoievski. Tengo que reconocer que la comparación es acertada, por más que las distancias sean abismales, pero hay cierta urgencia y cierto ir de aquí para allá sin ningún respiro, que recuerdan a las de las novelas de Dostoievski. El patrón es el siguiente: el narrador se pone de los nervios pensando que les van a descubrir, bebe hasta casi perder el conocimiento, se va a la cama con la ropa puesta, duerme hasta las tantas, y vuelta a empezar.

Soy consciente que he soltado una buena diatriba y que debe parecer que he odiado la novela. Tampoco es así; me ha entretenido, pero nada más. Recopilo las cosas buenas: el personaje de Bunny, ese histerismo y esa desazón un poco a lo Dostoievski, la capacidad de crear una atmósfera cerrada casi claustrofóbica y un universo propio casi atemporal, y la habilidad para atrapar al lector. El gran defecto es que es una obra plana, en lo que se refiere a estilo, argumento y creación de personajes. Pero no deja de ser prometedora, y más si tenemos en cuenta que es una primera novela. Así que tengo que decir que siento cierta curiosidad para ver cómo son las posteriores novelas de Donna Tartt, para comprobar en primera persona si mejora o está igual. 

miércoles, 21 de mayo de 2014

'Un día es un día' de Margaret Atwood



Con Margaret Atwood no empecé con muy buen pie. Leí 'El asesino ciego' y me pareció una novela plana y previsible que me dejó completamente fría. Luego fui encontrándome con poemas sueltos de Atwood, alguna que otra cita aquí y allí, que me fueron gustando tanto como para animarme a volver a leer un libro suyo. Me decidí por 'Un día es un día', una recopilación de cuentos que no era larga y que tocaba temas que a priori me podían interesar. Lamento decir que esta lectura tampoco ha servido para acabar de reconciliarme del todo con Atwood. 

Puede que parte de la culpa sea mía, porque no he podido evitar comparar estos cuentos con los de Alice Munro, ya que las dos son canadienses, de la misma generación y amigas. Y yo adoro a Munro, y Atwood, en comparación, sale perdiendo. Lo que me atrajo de la contraportada de 'Un día es un día' fue que me vendía que se trataba de cuentos protagonizados por mujeres, muy distintas entre sí, que se encontraban en diferentes etapas de la vida. 

Cierto, los cuentos (en su mayoría) son protagonizados por mujeres. Pero en lugar centrarse en las mujeres se centran en la relación de las mujeres con los hombres (como si las mujeres sólo pudieran definirse a través de su relación con los hombres), pero es que encima la visión que tiene Atwood de estas relaciones me ha parecido algo desfasada (o quizás simplemente ocurra que yo no la comparto): básicamente sería que los hombres y las mujeres son seres opuestos y sólo quieren aprovecharse los unos de los otros. Y esto me pareció muy rancio y repetitivo. Además, en general me ha parecido todo muy cínico. Y si bien el cinismo me gusta en dosis justas, un exceso se me antoja cansino. En el fondo debe ser que si me gusta leer será porque me gusta encontrar en medio de la fealdad una pizca de belleza, bondad, idealismo, pureza. 

De estos cuentos en que los hombres son unos canallas con las mujeres supongo que el que más me ha gustado es 'Betty' porque es contado a través de los ojos de una niña, que tiene una hermano y que pasa mucho rato en casa de sus vecinos, un matrimonio que se acabará rompiendo. Supongo que me ha gustado porque habla de la infancia de una manera que me ha parecido veraz. Otro cuento parecido es 'Momentos significativos en la vida de mi madre', que es exactamente lo que su título da a entender, contado con cierta nostalgia y mucho amor. 

Sin embargo, el relato que más me ha gustado (con diferencia) es 'Isis en la oscuridad', que curiosamente es prácticamente el único que tiene como único protagonista y punto de vista un hombre. Encima, se trata de un cuento que relata la historia de amor platónico entre dos aficionados a la poesía, que se reencuentran por azar cada diez años. No es tanto la historia de amor entre estas dos personas, sino la historia de amor que estos dos personajes mantienen con la poesía, el arte, la belleza, el idealismo de la juventud. Creo que me ha gustado porque tiene esa chispa de algo transcendente y puro que se esconde en la literatura y que nos hace ver la vida con ojos más optimistas, esa chispa de belleza en medio de la fealdad de la que he hablado antes. 


jueves, 1 de mayo de 2014

'La casa de hojas' de Mark Z. Danielewski



Parece que lo más habitual entre los que han leído 'La casa de hojas' de Mark Z. Danielewski es convertirse en un fan obsesivo de la novela, o bien odiarla a muerte por pretenciosa. En cambio, yo estaría en un término medio. Me ha gustado, incluso diría que me ha gustado mucho, pero paradójicamente me es más fácil entender a los que la desprecian que a los que la idolatran. A ver, me parece un divertimento realmente ingenioso, un artefacto de lo más curioso e interesante, pero aquí se termina la cosa. No creo que sea revolucionaria, porque no va a cambiar la forma de escribir, se quedará en una anécdota simpática en la historia de la literatura en forma de nota a pie de página que muchos pasarán por alto. Y esto con una buena dosis de suerte. 

Johnny Truant es un jovencito que un día se topa con un manuscrito titulado 'El expediente Navidson', presuntamente escrito por un tipo ciego llamado Zampanò, manuscrito que es el análisis de una película documental sobre una casa encantada que supuestamente revolucionó el mundo académico, pero en realidad nadie ha oído hablar de ella. La novela tiene dos líneas argumentales (las desventuras de Johnny Truant y el análisis de la película) que más que entremezclarse corren paralelas. 

El problema es que Johnny Truant es un gilipollas que se cree más listo y profundo de lo que en realidad es y tenemos que tragarnos sus aburridos desvaríos etílico-lisérgicos y los relatos de sus sesiones de sexo con un montón de tías buenas, aunque desgraciadamente entre este montón no se encuentra a la chica de sus sueños, que se dedica a ignorarlo bastante por más que también le parece mono (ay, qué penita). La verdad es que esta parte es tan intrascendente e infumable que estuvo a punto de arruinar todo el libro. 

Infinitamente más interesante es la parte en la que un matrimonio en crisis se muda, con sus dos hijos, a una casa que es más grande por dentro que por fuera, una casa que esconde un inmenso vacío de frío y oscuridad, y que puede cambiar de forma instantáneamente según las presencias que detecte. Esta parte está repleta de notas a pie de página (en los que uno se puede perder fácilmente y) que en su mayor parte hacen referencia a artículos que no existen, aunque también hay otros que sí que existen. 

Por otra parte, también salen personajes famosos reales (escritores, intelectuales y expertos en los más diversos campos) que dan su interpretación de lo que significa la casa, una interpretación que siempre barre para su casa (perdonad la redundancia), es decir, imponen su pensamiento a la interpretación de la casa; básicamente hacen que signifique lo que ellos quieren que signifique. Esta parte, que se mofa de la literatura académica, es realmente divertida, muy conseguida. No se puede negar que Danielewski se lo ha currado mucho y que le ha salido bien. 

Así, me ha encantado cómo se analiza la crisis matrimonial y otros aspectos cotidianos como si fuera un tema académico, y cómo el manuscrito intenta otorgar un simbolismo trascendente a detalles sin importancia. Lo dicho, es realmente divertido, a la vez que interesante. En cambio, como novela de terror, el libro se queda cojo. Hay momentos inquietantes, sin duda; pero la intensidad de las primeras exploraciones de la casa se va diluyendo progresivamente, hasta el punto que la última ya resulta repetitiva y el final decepcionante. 

Volvamos por un momento al odioso Johnny Truant. Se supone que tenemos que creernos que la lectura del manuscrito lo afecta de tal modo que empieza a tener ataques de ansiedad y acaba por volverse medio loco. Pero, claro, es difícil de creer, porque el pavo está leyendo lo que estamos leyendo nosotros y definitivamente no hay para tanto. Luego los desvaríos de Johnny adoptan un aire de pesadilla y creo que se supone que tiene que dar miedo, pero la verdad es que la cosa más bien da risa. 

Definitivamente el personaje de Johnny Truant y su historia están a punto de arruinar todo el libro, que sería infinitamente mejor si le cortaran toda esta parte. Y ya que estamos puestos a pedir, yo pediría que en su lugar se nos explicara la historia de Zampanò, que parece un personaje más interesante. Aquí y allí se nos insinúa algo, pero poco. A la novela definitivamente le gusta insinuar aquí y allí, pero sus insinuaciones se quedan en nada. Yo esperaba un giro final, una revelación, pero no llega nada. Reconozco que esto me ha molestado un poquito y en ocasiones me ha dado por pensar que la novela también se cree más lista de lo que en realidad es. 

Vale, la novela es muy lista y hábil en lo que se refiere a temas formales pero no tanto en el fondo. Por eso me molesta bastante que la comparen con 'La broma infinita' de David Foster Wallace, porque allí sí que hay forma y fondo. No es que 'La casa de hojas' sea una novela vacía de contenido, pero este contenido es sólo bueno, para nada excepcional ni novedoso. Realmente no creo que sea necesario leerla dos veces para entenderla (como se dice por ahí). Realmente no es tan difícil de seguir y entender; sólo pide un poco de paciencia, pero más porque es un libro gordo y pesado que no argumentalmente complejo. 

'La casa de hojas' tiene unos cuantos trucos formales realmente ingeniosos y lo mejor es que estos trucos formales están ligados al contenido. En este libro la distribución del texto en la página en blanco es fundamental. Así, hay todo un capítulo que habla de personajes perdidos en un laberinto mientras que los lectores también nos perdemos en un laberinto de notas a pie de página. En otros capítulos, hay páginas con pocas palabras y el enorme espacio en blanco que queda nos transmite la sensación de vacío físico que sienten los personajes. A veces se tiene que girar el libro, ponerlo de través o boca abajo y, con un libro tan gordo y pesado, éstas pueden ser operaciones bastante engorrosas, pero ahí está la gracia. 

Ciertamente me ha gustado que los hallazgos formales no sean gratuitos, sino que estén ligados al fondo, que tengan su razón de ser. También me ha encantado toda la parodia de la literatura académica, y la mayor parte de la historia del matrimonio en crisis y la casa encantada y el simbolismo psicológico de la oscuridad que reina en ella. Es un libro curioso, interesante, divertido, muy currado. Me lo he pasado muy bien leyéndolo pero creo que le falta un gran trecho para ser la obra maestra que dicen por ahí. 


sábado, 26 de abril de 2014

'Cuando las palomas cayeron del cielo' de Sofi Oksanen




'Cuando las palomas cayeron del cielo' sigue la misma línea que Sofi Oksanen ya inició en 'Purga'. Por tanto, se trata también una novela que explora el pasado de Estonia, que habla de supervivencia, cuya trama se desarrolla en dos líneas temporales que acabarán divergiendo, que destaca por una intriga precisa que te atrapa y un giro final sorpresa, además de un estilo particular con ocasionales toques líricos y sensoriales deliciosos.

Pero en esta ocasión, claro, el efecto sorpresa se ha diluido y, a veces, 'Cuando las palomas cayeron del cielo' parece una especie de continuación, una nueva versión que poco de nuevo aporta. Sin embargo, lo que aporta lo hace con gran habilidad, porque probablemente la principal virtud de Sofi Oksanen es la de construir historias de suspense que te atrapan con su intriga bien dosificada, que funciona como un mecanismo de relojería, entregándote la información poquito a poquito para que tu puedas ir reconstruyendo lo que realmente pasó poquito a poquito.

Ésta vez, la historia pasa en la década de 1940, durante la ocupación nazi, y paralelamente en la década de 1960, durante la ocupación soviética. Los protagonistas son tres: un maestro en el arte de adaptarse al entorno, su mujer insatisfecha y depresiva, y su primo que se mantiene fiel a sus ideales. Otra vez se habla de supervivencia, lucha y adaptación, pero también de cómo los vencedores modifican la historia, de las mentiras de Estado, de las intrigas que se ponen en marcha por una migajas de poder, de las barbaridades que alguien puede cometer para salvar el pescuezo o por otros objetivos aún más egoístas.

El primo que se reinventa y que pasa de ser defensor de una Estonia libre, a ser un colaboracionista nazi, para acabar siendo un espía del KGB, nos cae mal porque es rastrero e incapaz de pensar en algo que no sea sí mismo, pero a la vez no deja de ser fascinante por su habilidad y su tenacidad. Es un personaje que tiene lo peor y lo mejor del ser humano, complejo e interesante. Los otros dos acaban difuminándose en comparación y me hubiera gustado saber como uno termina medio loco y otro alcohólico. Para mí es aquí donde Oksanen falla un poquito, porque antes de describirnos con más detalle la evolución de estos personajes prefiere darnos un final sorpresa que acaba resultando precipitado.

Sin embargo, 'Cuando las palomas cayeron del cielo' es una muy buena novela de intriga, con esa mezcla de revisión histórica del siglo XX y thriller de suspense, una mezcla original si se compara con otros escritores, pero que es marca de la casa de Sofi Oksanen. La novela está muy bien construida y nos presenta realidades y dilemas incómodos, deja que sea el lector quién vaya reconstruyendo la historia y sacando sus conclusiones, y tiene un tono triste y trágico bastante desgarrador. Realmente recomendable, tanto que yo quiero seguir leyendo más de Oksanen lo antes posible.