domingo, 30 de enero de 2011

'Esto parece el paraíso' de John Cheever


Cuando John Cheever estaba enfermo de cáncer y a punto de morirse, escribió una novela breve con mensaje ecologista y extrañamente optimista, llamada ni más ni menos ‘Esto parece el paraíso’. El protagonista es un hombre mayor al que le encanta patinar sobre hielo y que, a lo largo de la novela, empieza una relación con una mujer y después otra con un hombre, pero los dos más jóvenes que él, mientras que también lucha para evitar que una laguna se convierta en un vertedero de residuos. De las obras que he leído de Cheever (que tampoco son muchas) es en la que la bisexualidad es tratada con menos sentimiento de culpa. Aún así, un poco de sentimiento de culpabilidad hay.

En la primera línea de ‘Esto parece el paraíso’ Cheever nos informa de que la historia que nos va a contar se debe leer en la cama, una noche de lluvia en una casa vieja. La anterior novela que leí de Cheever, ‘Bullet Park’, ya se podía leer como una fábula, pero es que ésta es realmente una fábula. Y esto tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. A mí, por ejemplo, me ha parecido que la resolución final era demasiado fácil y que el desarrollo del conflicto era realmente maniqueísta. En definitiva, no me ha parecido una novela redonda, porque además a veces da la sensación que es algo dispersa, poco planificada, con personajes y escenas paralelas que tampoco aportan mucho a la trama principal.

Pero, aunque no sea una novela perfecta ni compacta, tiene cosas realmente deliciosas, como el optimismo y el amor por la naturaleza que rebosa. Además, tiene la típica ironía distanciadora y el humor raro marca de la casa de John Cheever. Otro detalle curioso, pero que funciona muy bien, es el hecho de narrar el presente del autor casi con un estilo retro-futurista. No sé si me explico bien, pero me ha recordado un poco al estilo de ‘Ruido de fondo’ de Don DeLillo, porque tiene ese mismo aire antropológico-irónico (y porque también hay un par de escenas clave que suceden en supermercados). Y además hay pasajes realmente bonitos, como cuando el protagonista va a patinar o a pescar con su amante, o cuando ve por primera vez a la mujer de la que se enamora en la cola del banco, o cuando esa familia va a pasar un día en la playa. Realmente bonitos.


sábado, 15 de enero de 2011

'Vi de solitud' de Irène Némirovsky


‘Vi de solitud’ es una novela de Irène Némirovsky profundamente autobiográfica. Es la historia de Hélène, una niña nacida en Russia, pero educada con una institutriz francesa, con una madre que sólo se preocupa por coleccionar amantes y en un padre que sólo se preocupa por ganar dinero y luego jugárselo a las cartas o en la bolsa. La niña odia a su madre e idolatra a su padre, aunque éste tampoco le hace mucho caso, así que crece faltada de afecto, porque la única persona que se lo da es su institutriz. Cuando pierde su institutriz, sólo le queda un gato que llegará un momento en que será el único ser que realmente querrá en el mundo.

No es una novela tan decepcionante como lo fue ‘El caso Kurilov’, pero aún así me ha sabido a poco. Le cuesta mucho arrancar. Al principio es realmente repetitiva y no avanza, parece que se va a pasar todo el rato hablando de lo desgraciadita que es Hélène y de lo mala que es su madre. Aún suerte que Hélène nunca se autocompadece y lo que hace es volverse una niña insensible, dura y cínica. Afortunadamente al final arranca y luego sí que se vuelve interesante de verdad. Se divide en cuatro partes: la primera pasa en casa de los abuelos en Ucraína, luego en la segunda se trasladan a San Petersburgo, después en la tercera tienen que huir de la revolución y se refugian momentáneamente en Finlandia, y finalmente la última pasa en Francia. La lástima es que no es hasta que llegan a Finlandia que la novela arranca de verdad.

En realidad es una novela que está muy bien escrita, con un estilo delicioso, como casi todo lo que escribe Némirovsky, pero el problema es que a mí me dio la sensación de que la historia de una niña que odia a su madre y quiere vengarse de ella Némirovsky ya me la había explicado antes en ‘El baile’ y lo había hecho de una forma más concisa y acertada, y en definitiva mejor. Aún así hay detalles realmente brillantes, sobre todo los que se refieren a la decadencia del mundo en que vive Hélène: como la podredumbre de las aguas de San Petersburgo, o el hecho de que tengan tanto dinero que lo utilicen para rellenar cojines y luego, cuando pierde valor, lo dejan tirado por el suelo. Y luego, como contraste, está Finlandia, con su nieve blanca, que es lo más parecido a la felicidad que sentirá Hélène.


viernes, 14 de enero de 2011

'Brooklyn' de Colm Tóibín


Se da la casualidad que tanto la portada del último libro que leí en el 2010 (Brooklyn) como la contraportada del primero que leí el 2011 ('El rector de Justin' de Louis Auchincloss) comparaban el libro que presentaban con Henry James. No soy ni mucho menos experta en Henry James pero mientras veo acertada la comparación en el segundo caso, en el primero simplemente no estoy de acuerdo. A Brooklyn’ de Colm Tóibín creo que le falta el aire intelectual, auto reflexivo y algo ensimismado del estilo de Henry James. Pero una comparación desafortunada no convierte en malo a un libro. ‘Brooklyn’ cuenta una historia mínima, un retazo de vida de una mujer anónima, una trama lineal y sencilla y en cierto sentido casi banal, pero está escrito de una manera tan delicada, cuidada y límpida que supera las limitaciones que una premisa tan simple podría suponer.

La protagonista de ‘Brooklyn’ es Eilis una chica irlandesa algo tímida e insegura que deja su familia y marcha a Nueva York a trabajar en una tienda en un puesto que le ha buscado un cura irlandés, que además le ha asegurado que en Nueva York hay lugares que están llenos sólo de irlandeses y que allí podrá vivir como si estuviera aún en Irlanda. Pero las cosas no son tan sencillas porque Eilis se siente sola y echa de menos a su familia, sus amigas, su pueblo, y al principio parece que nunca podrá dejar atrás este sentimiento de añoranza que la hace profundamente infeliz. Ésta probablemente es mi parte favorita de la novela, pero también me encanta el ambiente de la casa donde Eilis ha alquilado una habitación, las envidias y las pequeñas intrigas con las otras chicas. Y luego la parte en la que Eilis vuelve a Irlanda y lo encuentra todo igual pero a la vez un poco diferente, sin darse cuenta de quién ha cambiado es ella, y todo es tan lejano y a la vez tan cercano.

‘Brooklyn’ es prácticamente una novela de formación, porque Eilis crece, madura, pierde inseguridades y timidez, gana en libertad e independencia, se forja su propia vida, y todo este proceso está muy bien narrado. No hay nada que chirríe. Pero es una obra con un ritmo lento a propósito y, aunque nunca se hace pesada, tuve la sensación de que le faltaba algo. Quizás algo de intensidad y de pasión. Es una obra demasiado comedida, algo que quizás es su mayor virtud pero también su mayor defecto. No es una novela extraordinaria, pero sí que es una novela agradable que se lee con placer.


jueves, 6 de enero de 2011

Mis lecturas del 2010

En el 2010 me había propuesto leer 70 libros y, después de dos años de quedarme a muy poco, por fin he conseguido superar el reto que me había impuesto. Así que este año he leído 71 libros, que suman exactamente 15.201 páginas. Dicho así parece mucho, pero tampoco es tanto. Sólo he leído cinco libros de más de 350 páginas y la media de páginas que tienen los libros leídos es de sólo 211. Por otra parte, la media de páginas que leo al día es de 41,6. Ya cuadra porque si tuviera que decir cuál es mi secreto, diría que proponerse leer 40 páginas al día. Un día pueden ser 30 pero al día siguiente más vale procurar que sean 50.

Como ya he sobrepasado el número de 70 en un año, para el próximo me he propuesto leer 75, cosa que probablemente no conseguiré, pero la gracia de los retos está en que sean difíciles de conseguir.

De entre los libros que he leído 17 son recopilaciones de cuentos, 8 obras de teatro, 4 de no-ficción y el resto (42) novelas. Cada año me propongo leer más libros escritos por mujeres y más libros que no sean de autores anglosajones y cada año fracaso en mi empeño, pero creo que cada año fracaso menos. Este año he leído hasta 38 libros de escritores anglosajones y sólo 18 escritos por mujeres.





La lista completa (con mis favoritos en negrita)

01. 'Chéri' de Colette
02. 'La novela del adolescente miope' de Mircea Eliade
03. 'El cielo es azul, la tierra blanca' de Hiromi Kawakami
04. 'El distrito de Sinistra' de Ádám Bodor
05. 'El mal de Portnoy' de Philip Roth
06. 'El peregrino encantado' de Nikolái Leskov
07. 'Almas grises' de Philippe Claudel
08. 'El immoralista' de André Gide
09. 'Corto viaje sentimental' de Italo Svevo
10. 'El hombre del traje gris' de Sloan Wilson

11. 'El gran mundo' de David Malouf
12. 'El abanico de Lady Windermre' de Oscar Wilde
13. 'La pell freda' de Albert Sánchez Piñol
14. 'El cielo se cae' de Lorenza Mazzetti
15. 'La comedia humana' de William Saroyan
16. 'Kafka' de Robert Crumb y David Zane Mairowitz
17. 'La casa de los corazones rotos' de George Bernard Shaw
18. 'Salomé' de Oscar Wilde
19. 'El gran cuaderno' de Agota Kristof
20. 'El hombre que confundió su mujer con un sombrero' de Oliver Sacks

21. 'La mujer zurda' de Peter Handke
22. 'Verde agua' de Marisa Madieri
23. 'No hi ha terceres persones' de Empar Moliner
24. 'El caso Kurilov' de Irène Némirovsky
25. 'El rey blanco' de György Dragomán
26. 'Tengo quince años y no quiero morir' de Christine Arnothy
27. 'Un hombre soltero' de Christopher Isherwood
28. 'Locos de amor' de Sam Shepard
29. 'La asesina' de Alexandros Papadiamantis
30. 'Entonces llegamos al final' de Joshua Ferris

31. 'Zona fría' de Jonathan Franzen
32. 'El original de Laura' de Vladimir Nabokov
33. 'Diario de una ama de casa desquiciada' de Sue Kaufman
34. 'Algo alrededor de tu cuello' de Chimamanda Ngozi Adichie
35. 'La línea de la belleza' de Alan Hollinghurst
36. 'Un año en el altiplano' de Emilio Lussu
37. 'La librería' de Penelope Fitzerald
38. 'Adiós a Berlín' de Christopher Isherwood
39. 'El protector' de Henry James
40. '84, Charing Cross Road' de Helene Hanff

41. 'El vicario de Wakefield' de Oliver Goldsmith
42. 'Un tranvía llamado Deseo' de Tennessee Williams
43. 'La visita de la vieja dama' de Friedrich Dürrenmatt
44. 'Juego de azar' de Sławomir Mrożek
45. 'Una cuestión personal' de Kenzaburo Oé
46. 'Cita en Samarra' de John O'Hara
47. 'Calígula' de Albert Camus (relectura)
48. 'Razones para vivir' de Amy Hempel
49. 'Howards End' de E.M. Forster
50. 'A las puertas del reino animal' de Amy Hempel

51. 'En jardines ajenos' de Peter Stamm
52. 'Sylvia' de Leonard Michaels
53. 'Cosas que debes saber' de A.M. Homes
54. 'La bicicleta estática' de Sergi Pàmies
55. 'Queridas mías' de Clarice Lispector
56. 'El vell botiguer i altres contes' de Iván Mándy
57. 'Nueve cuentos' de J.D. Salinger (relectura)
58. 'La tía Mame' de Patrick Dennis
59. 'Un árbol crece en Brooklyn' de Betty Smith
60. 'Olivetti, Moulinex, Chaffoteaux et Maury' de Quim Monzó

61. 'Bullet Park' de John Cheever
62. '¡Aquí no paga nadie!' de Dario Fo
63. 'El cocodril i altres narracions' de Fiódor Dostoievski
64. 'De aquí para allá' de Leonard Michaels
65. 'Alondra' de Dezső Kosztolányi
66. 'El guardián entre el centeno' de J.D. Salinger (relectura)
67. 'El diablo en el cuerpo' de Raymond Radiguet
68. 'Historias de Nachman' de Leonard Michaels
69. 'Sukkwan Island' de David Vann
70. 'Batallas de amor' de Grace Paley

71. 'Brooklyn' de Colm Tóibín



viernes, 31 de diciembre de 2010

'Bullet Park' de John Cheever




Parece que John Cheever es más conocido como escritor de relatos y que sus novelas muchas veces son consideradas simples cuentos alargados, pero lo cierto es que el mismo John Cheever prefería ser considerado un escritor de novelas y consideraba sus cuentos casi como trabajos de encargo. ‘Bullet Park’, que es quizás la novela más conocida de Cheever, se divide claramente en dos partes: la primera está protagonizada por un hombre llamado Nailles y la segunda por otro hombre que se llama Hammer. Con dos nombres así (que suenan como clavos y martillo) parecía que estaban destinados a encontrarse. El libro empieza cuando Hammer se traslada a un barrio de los suburbios llamado Bullet Park, que es descrito por Cheever de una forma muy particular, entre mítica e irónica, consciente perfectamente de que en buena parte han sido sus obras las que han cimentado los tópicos de estos escenarios suburbanos, como las fiestas con alcohol a raudales, los monótonos viajes en tren para ir a trabajar a la ciudad y la insatisfacción reprimida.

Nailles y Hammer se encuentran por primera vez un domingo en la iglesia, porque Nailles asiste cada domingo a la iglesia, más por costumbre que por auténtica fe. Como les pasa a prácticamente todos los habitantes de Bullet Park, la vida de Nailles ha perdido cualquier sentido espiritual que podría haber tenido, pero aún así parece que en ocasiones se empeña en buscarlo, por más que no se atreve a reconocerlo en voz alta y ni siquiera a él mismo. ‘Bullet Park’ es una novela que en cierto modo parece una fábula alegórica, en ocasiones particularmente sórdida e inquietante, pero también con un punto de humor absurdo y extraño. En este sentido, no es nada gratuito que el clímax final suceda en el altar de la iglesia, donde Nailles y Hammer vuelven a encontrarse. Es entonces cuando el mal que había aparecido de improviso, sin avisar y sin nada que hubiera podido predecir su entrada en escena, es derrotado, pero aún así el final es extrañamente agridulce; las cosas volverán a ser como eran antes, sólo que en realidad ya no volverán a serlo.

Además de vecindario, Nailles y Hammer comparten un cuadro parecido de ansiedad y depresión. Para Nailles todo empieza el día en que Tony, su hijo adolescente, sin aparentemente ninguna razón, no se levanta de la cama. A partir de entonces desfilarán por la habitación de Tony una serie de médicos, especialistas e incluso un curandero, para tratar de “curarlo”. Nailles, avergonzado, dirá a todo el que se lo pregunte que lo que tiene su hijo es mononucleosis. Pero además de avergonzado, Nailles se sentirá sobre todo culpable e impotente por no poder hacer nada para ayudar a su hijo. Su ansiedad irá en aumento y ya ni el alcohol será suficiente para calmarlo, de modo que acudirá a un doctor que le recetará unas pastillas que le harán flotar en una nube de inconsciencia. Hammer, por su parte, se ha pasado media vida viajando por el mundo para huir de la desesperación, pero esta siempre ha acabado para alcanzarlo. Un día verá a través de una ventana una habitación con las paredes pintadas de amarillo y quedará convencido de que para encontrar la paz debe encontrar una habitación como aquélla. La encontrará, pero aquello no será suficiente, así que luego se convencerá de que para encontrar la paz tiene que optar por una solución mucho más radical. Y es ahí cuando decidirá ir al encuentro de Nailles, porque es el perfecto espécimen de hombre suburbano.


viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Felices Fiestas!


¡Felices fiestas a todos los que tenéis la amabilidad de pasaros de cuando en cuando por este blog! ¡Muchas gracias por leer y comentar!





lunes, 13 de diciembre de 2010

'El diablo en el cuerpo' de Raymond Radiguet



La biografía de Raymond Radiguet es de aquellas que siempre divierte contar, porque fue el típico bohemio con un punto de escritor maldito, terriblemente precoz y que murió ridículamente joven. En el instituto pasó por un alumno mediocre y vago, así que pronto lo dejó, se quedó en casa y se dedicó a leer. Con el tiempo también dejó la casa paterna y se dedicó a vivir la vida bohemia. Fue protegido de Jean Cocteau y murió a los veinte años, pero ya había tenido tiempo de escribir un buen puñado de poemas y dos novelas, la primera de ellas fue ‘El diablo en el cuerpo’, que según parece tiene un punto de autobiográfico. ‘El diablo en el cuerpo’ narra la relación amorosa entre un chico de 16 años y una joven casada de 19, durante la primera guerra mundial, mientras el esposo de ella está en el frente. Al principio del libro el narrador nos describe una escena en que una mujer se ha vuelto loca, ha subido a un tejado y no quiere bajar para nada del mundo, a todos los que se le acercan para ayudarla les tira tejas para alejarlos, y no es difícil intuir que la escena acabará trágicamente; el protagonista lo sabe pero aún así no puede quitar los ojos de la loca encima del tejado, ya que está fascinado por la belleza entre poética y sórdida que tiene toda la escena. Algo parecido pasa con esta novela.


‘El diablo en el cuerpo’ es una novela narrada en primera persona y muy introspectiva, pero a la vez cuenta todos los hechos con un aire frío y distanciado. El nivel analítico e introvertido del libro me recuerda al ‘Adolphe’ de Benjamín Constant (que dicho sea de paso es uno de mis libros favoritos), aunque por la forma impasible e indiferente de contar los hechos parece presagiar en cierto modo ‘El extranjero’ de Albert Camus (que dicho sea de paso es otro de mis libros favoritos). No diría que se trata de una historia de amor, porque lo que siente él por ella no es amor puro y desinteresado sino simplemente vanidad recompensada, arrogancia satisfecha, posesión y celos. Lo que ella siente por él también es un sentimiento egoísta, aunque probablemente no tanto, y definitivamente está influenciado por las nociones románticas que habrá sacado de los libros. Sin embargo, no es para nada una historia romántica, por más que el final sea en cierto modo trágico, porque en lugar de pasión hay racionalidad. Es una obra realmente curiosa, original, diferente y recomendable.