domingo 7 de febrero de 2010

'La novela del adolescente miope' de Mircea Eliade


El protagonista de 'La novela del adolescente miope' (que no es otro que el propio Mircea Eliade) quiere escribir una novela titulada precisamente 'La novela del adolescente miope' que le hará famoso, le proporcionará la admiración de todos los que le rodean (especialmente sus profesores) y le ahorrará el apuro y el fastidio de tener que pasar por los exámenes del instituto. Pero antes de sentarse a escribir esta novela, decide escribir un diario que le servirá para coger apuntes en forma de borrador que después utilizará en su novela. Nosotros, como lectores, lo que leemos son estos apuntes en sucio. Por lo tanto, 'La novela del adolescente miope' no es nada más que el relato del intento de un adolescente por escribir una novela titulada 'La novela del adolescente miope'. Esto le da una sensación de inmediatez, de espontaneidad, de sinceridad y de vida, que es uno de los mayores aciertos de la novela. Pero hay mucho más.

El protagonista es un adolescente miope, tímido, que se pasa las tardes y las noches refugiado en su buhardilla leyendo de forma compulsiva todos los libros que le caen en las manos. Es un estudiante brillante en algunos campos, pero un auténtico patata en otros, como las matemáticas y el alemán, pero si es un patata en realidad es más bien porque le da pereza estudiar lo que no le interesa, siempre dice que empezará a estudiar en serio al día siguiente, pero cuando llega el día siguiente se dice que empezará en serio al día siguiente. Y es que el sentido del humor de esta novela es delicioso. Y, aunque esté ambientado en la Rumanía de la primera mitad del siglo XX, cualquier estudiante (o ex-estudiante) se podrá sentir identificado.

Pero además del protagonista, por el libro desfilan una larga galería de adolescentes, como el presumido que aspira a ser actor de renombre y presume de sus supuestas conquistas amorosas, o el anarquista que se sienta al fondo de la clase, pasa de todo y le encanta hacer rabiar a sus compañeros. Y es que el narrador se caracteriza por su capacidad de analizar la psicología humana. La de los otros, pero también (y principalmente) la suya. El protagonista intenta comprenderse mejor y llegar a un dominio de sus sentimientos, porque le fastidia pasar en sólo dos segundos del entusiasmo sin límites a la apatía absurda, de los delirios de grandeza a la melancolía, de la rebeldía arrolladora al conformismo depresivo, sin tener en cuenta que es esto lo que caracteriza la adolescencia y que ésta (con suerte) sólo se cura con el tiempo.

‘La novela del adolescente miope’ efectivamente debe ser una de las mejores novelas sobre la adolescencia. Tiene un estilo directo y fresco. Es pura vida. Es perfecta. La lástima es que la edición de Impedimenta se completa con el ‘Gaudeamus’, que es la novela que sirve de continuación y que nos relata las desventuras de nuestro protagonista en la universidad. Y la lástima es que esta segunda parte no está a la altura de la primera y es inevitable que acabe dejando un mal sabor de boca.

El ‘Gaudeamus’ describe desde un hipotético presente unos hechos que pasaron en un pasado ya lejano, de modo que se pierde la inmediatez, la ironía y la frescura que tenían ‘La novela del adolescente miope’. Además, se pierde en discusiones religiosas y filosóficas, metidas con calzador, que entorpecen el ritmo de una forma estrepitosa. Y lo que personalmente me ha molestado más: el protagonista se vuelve un misógino insufrible. Quizás ya lo era antes, pero como casi no trataba con chicas no se lo veíamos. Ahora el protagonista se debate entre dos mujeres, que encarnan una vez más el tópico de la santa y la puta, y son unos personajes tan arquetípicos que dan ganas de pegarse un tiro. Y hay algunos momentos tan brillantes como en la primera parte, pero no es lo mismo. Y es una lástima, porque ‘La novela del adolescente miope’ es uno de aquellos libros a los que yo les daría cinco estrellas como cinco soles, porque es una maravilla, pero el ‘Gaudeamus’ es un libro demasiado misógino, sentencioso, pretencioso y árido como para dejar un buen recuerdo.


lunes 1 de febrero de 2010

'El cielo es azul, la tierra blanca' de Hiromi Kawakami


'El cielo es azul, la tierra es blanca' ha sido como la gota que colma el vaso. Ya me he encontrado antes con libros que tienen esa sensibilidad que se puede comprar en el supermercado en cómodos paquetes de un quilo y con el 25% gratis, pero esta vez realmente me ha acabado la paciencia. No tengo nada en contra de los libros que lo intentan y fracasan. Me pueden no gustar pero difícilmente los odiaré. En cambio, siempre odiaré un libro que ni siquiera intente ser original y/o contarnos algo personal. 'El cielo es azul, la tierra blanca' parece escrito siguiendo paso a paso un manual de cómo escribir una "novela sensible de finales del siglo XX y principios del XXI". Es todo tan tópico, tan frío, tan inverosímil, tan falso, tan rastrero. Los personajes son eso, simples personajes de cartón piedra que sólo se parecen a una persona real en lo de tener dos brazos y dos piernas y cinco dedos en cada mano y cosas así, no es necesario que siga, ya entendéis la idea. Y los giros argumentales son entre tramposos y ridículamente hilarantes (¡por dios, los protagonistas se pelean y se dejan de hablar porque son de equipos de beisbol diferentes!) Y en realidad el libro está escrito de cualquier manera, con un estilo que no se puede llamar estilo; en uno de mis patéticos intentos de resultar graciosa y sarcástica, diría que he leído manuales de tostadoras más bien escritos y realmente no estaría diciendo una mentira tan gorda.

Tsukiko tiene 38 años y lleva una vida solitaria hasta que un día por casualidad se encuentra con un antiguo profesor de instituto, ahora ya un anciano de 70 años. A partir de aquí se supone que los dos establecen una relación especial para que la soledad no sea una carga tan pesada y tal, pero lo único que hacen es comer y tener diálogos de besugos ('Hoy hace buen tiempo" dice él, "Ya" dice ella, y todo el rato así). No voy a revelar mucho porque el subtítulo de la novela es (agárrate) "Una historia de amor", pero el caso es que al cabo de un tiempo, Tsukiko se despierta un día y se dice que está enamorada del maestro. Y yo grito: ¿por qué?! ¿por qué, si el viejo es un egocéntrico paternalista e insufriblemente pedante que te trata como si fueras aún una cría de su clase?! No se vale decirnos que Tsukiko se ha enamorado y tira millas, se nos tiene que explicar, describir, contarnos por qué. Así que cuando la cosa se consuma, por más que no soy una lectora puritana (creo), me entran escalofríos y repelús, porque no me puedo creer que se hayan enamorado y aún menos que sientan atracción sexual el uno por el otro, porque nunca se nos ha explicado. Y para terminar, obviamente, todo se remata con un final sensiblero. Y supongo que todo esto me está bien empleado por aventurarme con cosas así y no con cosas como Kenzaburo Oé.


viernes 29 de enero de 2010

J. D. Salinger (1919 - 2010)


Jerome David Salinger
(Nueva York, 1 de enero de 1919 –
Cornish, Nuevo Hampshire, 27 de enero de 2010)


Ése es el gran problema. Nunca puedes encontrar un lugar que sea agradable y tranquilo, porque no existe. A veces puedes pensar que sí existe pero una vez estás allí alguien se acerca sigilosamente y escribe “Jódete” en tus propias narices.


lunes 25 de enero de 2010

'Chéri' de Colette


A pesar de la mala experiencia de 'La gata', me animé a leer algo más de Colette. 'Chéri' estaba en la librería y no me pude resistir. Aunque no ha llegado ni por asomo a entusiasmarme, me ha parecido una lectura agradable. Es ridículamente frívola, pero tiene un estilo elegante, irónico y hasta cierto punto cautivador. Pero afortunadamente esta novelita no tiene sólo estilo (que era básicamente lo que le pasaba a 'La gata', que sólo se preocupaba por construir un estilo florido que acababa resultando insufrible). Afortunadamente 'Chéri' es una novela de personajes, por más que todos ellos sean el colmo de la frivolidad.

La protagonista de 'Chéri' es Léa, una mujer de 50 años pero que aún conserva la mayor parte de la belleza que la hizo famosa en su día. A lo largo de su vida ha tenido una cantidad considerable de amantes y el actual es Fred Peloux, apodado cariñosamente Chéri, un veinteañero caprichoso, mimado y malcriado. El reparto lo completan la madre de Chéri, que también es "amiga" de Léa, amiga entre comillas porque, aunque merienden juntas, en el fondo no se soportan. Y también la joven nueva prometida de Chéri, a la que le tocará hacer el papel de esposa abnegada.

Supongo que 'Chéri' se digiere mejor si se pasa por alto lo egoístas, egocéntricos y superficiales que son todos los personajes, y se intenta leer como un reflejo de las costumbres sentimentales de una época y un lugar concretos. Lo más interesante es la relación entre Léa y Chéri, por más que a principio no lo parezca. Ella busca en él un niño al que mimar y regañar, ya que nunca ha tenido un hijo. Y él busca en ella una madre que lo mime y lo regañe, ya que la suya nunca le prestó atención. Al principio se engañan diciendo que lo que hay entre ellos no es amor y luego se engañan diciendo que es amor. Pero no puede serlo porque son seres tan absortos en ellos mismos que lo único que pueden sentir es un sordo pero constante deseo de poseer y disponer. Y si no es así vienen las rabietas y el mal humor. Frívolo pero encantador.


martes 19 de enero de 2010

Teaser Tuesday : 'Chéri'


Léa se estremeció, corrió hasta el umbral y se detuvo. Tenía delante de ella a la vieja Lili y a su amante adolescente, el príncipe Ceste, que acababan de llegar. Mujer de unos setenta años, con una gordura de eunuco encorsetado, la gente solía decir de la vieja Lili que "se pasaba de la raya", pero sin concretar de qué raya se trataba. Una eterna alegría infantil iluminaba su rostro, redondo, rosado, muy maquillado, donde unos ojos muy grandes y una boca muy pequeña coqueteaban sin el menor reparo. La vieja Lili seguía escandalosamente la moda. Una falda a rayas, azul revolución y blanco, contenía la parte baja de su cuerpo; un justillo azul, muy escotado, permitía ver la piel acanalada de su pechuga de pavo coriáceo; un zorro plateado no ocultaba el cuello desnudo, en forma de maceta, un cuello ancho como un vientre, y que había aspirado la barbilla.
'Chéri' de Colette (pp. 67-68)

lunes 18 de enero de 2010

'Suite Inglesa' de Julien Green

Charles Lamb (1775-1834)


'Suite Inglesa' es un libro escrito por un autor francés y formado por cinco retratos de cinco escritores anglosajones: Samuel Johnson, William Blake, Charles Lamb. Charlotte Brontë y Nathaniel Hawthorne. Son más que simples notas biográficas, porque tienen el acierto de presentar vida y obra de estos escritores como un entramado que no es tan fácil de separar. Son más que simples ensayos, porque son relatados con todos los recursos literarios de la ficción. Son más que relatos sobre la vida de unos autores, porque se adentran tanto en la psicología de estos escritores que más bien son estudios psicológicos. La gracia está en que todos estos escritores son solitarios y excéntricos, pero cada uno de ellos lo es a su manera, cada uno de ellos lleva la soledad de una forma particular y es excéntrico de una manera única y peculiar.

Estos cinco relatos son auténticas piezas de literatura porque Julien Green sabe transmitir perfectamente el sufrimiento de la vida de estos cinco escritores. Es tan fácil empatizar con ellos. Sin embargo, con el que me he sentido más identificada ha sido con Charles Lamb, el escritor secundario, perfectamente resignado, siempre en la sombra, con miedo a volverse loco, viendo como los que ama van muriendo, aceptando que sus amigos sean más famosos que él, interesándose por todo lo humano, especialmente por los más raros, por los que todo el mundo desprecia. El cascarrabias egocéntrico de Samuel Johnson y el iluminado (léase "loco de atar") de William Blake también me han parecido de lo más entrañables. En cambio, el dedicado a Nathaniel Hawthorne es tan convencional que parece escrito por encargo, con el piloto automático. El de Charlotte Brontë también es magnífico, quizás porque el mundo de las hermanas Brontë me ha fascinado desde que al inicio de mi adolescencia vi en la tele esa película francesa sobre ellas, aunque mi Brontë favorita es Anne, no por sus obras sino por su carácter.

El problema de 'Suite Inglesa' es que parece que el adjetivo que le sienta mejor es "interesante" y no hay adjetivo más traicionero que éste. "Es interesante" es la primera expresión que nos venía a la cabeza cuando en el instituto nos preguntaban la "opinión personal" sobre un determinado libro. Era la expresión que quedaba mejor y la que quería decir menos. "Interesante" es un adjetivo muy traicionero, porque incluso la vida sexual de la mosca cojonera es interesante. Si algo es interesante no quiere decir que sea bueno, no quiere decir nada en absoluto. Y, sin embargo, 'Suite Inglesa' es interesante, pero está bien escrita, con un estilo elegante, con una pizca de melancolía y con un gran ojo clínico capaz de retratar con gran lucidez cualquier psicología humana. Muy recomendable si eres un freak de la literatura (inglesa).


miércoles 13 de enero de 2010

'Pastoralia' de George Saunders


Me compré 'Pastoralia' en la vorágine de consumismo terapéutico que siguió la muerte de David Foster Wallace. Me sentía huérfana y tenía la necesidad de comprar cualquier cosa que estuviera mínimamente relacionada con él, ya fueran libros que se consideraran únanimamente como influencias suyas o libros que había mencionado en alguna entrevista como libros favoritos. Así pues, he tardado más de un año en leer este libro que DFW mencionó alguna vez como uno de los libros que más le habían gustado en los últimos años. Para mí, tampoco es tanto. Tengo la costumbre de apuntar con lápiz en la primera página de todos los libros el día y el lugar en el que lo he comprado, y también la de anotar en la última página el día en que lo he terminado. Y a veces pueden pasar tres o cuatro años entre las dos fechas.

'Pastoralia' son seis cuentos protagonizados por perdedores que no paran de pisar mierda, perdedores que fantasean con una vida mejor pero que no hacen nada para conseguirla, perdedores que detestan a otros perdedores y se intentan convencer que en realidad ellos no lo son. La moraleja del libro sería que nos matamos trabajando en trabajos de mierda que odiamos, trabajamos, trabajamos, trabajamos, somos infelices, trabajamos, trabajamos, trabajamos, somos desgraciados, trabajamos, trabajamos, trabajamos y al final morimos. Pero la cosa no se acaba aquí. Cuando estamos en la tumba, tenemos tiempo para pensar en la vida de mierda que hemos llevado. Y quizás podemos volver tal cual zombies para intentar hacer todas las cosas que durante nuestra vida no podimos hacer. Pero entonces ya es demasiado tarde porque estamos muertos y nos caemos a trozos.

Se trata de cuentos que encadenan desgracia tras desgracia, en los cuales la única forma que tienen los personajes de no comer tanta mierda es jodiendo a los demás. Parece que no hay salida: si tienes un mínimo de decencia, no fastidiarás mucho más a otro para fastidiarte un poco menos a ti mismo. Así que te tienes que acabar el plato de mierda tu solito, porque nadie te ayudará. La acumulación de desgracias es tan exagerada que casi cae en el ridículo. Como lectora no puedes evitar preguntarte si no te estará manipulando. Pero lo que salva el libro es el sentido del humor grotesco. Ante tanta acumulación de desgracias no puedes dejar de pensar que esto en parte es una comedia, que nada va en serio, que es todo coña. Pero a la vez sabes que va totalmente en serio, porque así es la vida. La mezcla de humor y drama dickensiano es única, funciona perfectamente bien. Es un libro tan hilarante como deprimente. Estamos ante una comedia terrorífica o una parodia deprimente, lo que gustéis.


- 'Robles de mar' (uno de los cuentos de 'Pastoralia', traducido y enterito).