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lunes, 9 de noviembre de 2009

'El desierto de los tártaros' de Dino Buzzati



Se ha comparado 'El desierto de los tártaros' de Dino Buzzati a Kafka y a Beckett, pero la verdad es que no tiene ni el sentido del humor ni el ingenio verbal de Beckett ni la angustia y el aire a pesadilla hilarante de Kafka. También he visto que se comparaba con 'La montaña mágica' pero tampoco tiene la riqueza y el peso (literal y figurado) de esta novela de Thomas Mann. Me cuesta entender por qué parece tener tanta popularidad. El protagonista de 'El desierto de los tártaros' es Giovanni Drogo, un joven oficial que es destinado a la fortaleza Bastiani, perdida en medio de ninguna parte y que tiene la misión de salvaguardar la frontera con un desierto a través del cual nunca ha llegado ningún asomo de amenaza. Giovanni al principio se quiere quedar por sólo cuatro meses, pero las cosas se complican y se quedará allí esperando algo que nunca va a llegar.

Se nota que a Buzzati, al escribir esta novela, no le interesaba ni el estilo ni los personajes, sino los hechos que quieren transmitir cierto mensaje existencialista. El estilo es parco y árido, mientras que los personajes son meras fichas al servicio de una historia. Los personajes nos son descritos de una forma superficial, por eso prácticamente no pude empatizar con ninguno, a excepción de contadas ocasiones, como cuando describe la soledad que siente Drogo al llegar a la fortaleza y la sensación de desarraigo cuando está de permiso en su antiguo pueblo. Pero estos breves flashes de buen oficio son demasiado escasos. Lo que importa en esta novela es la trama, que no es nada más que una alegoría pesimista del vacío de la existencia. El problema es que es tan poco sutil, la metáfora es tan obvia y toda la historia tan previsible, que servidora no pudo evitar tener la sensación de que un profe muy aburrido le estaba explicando una lección que ya se sabía de memoria. Tuve que esforzarme y obligarme a terminarla. No dejo de tener la sensación que esta historia, contada de esta forma, sólo daba, como mucho, para un relato.