
'El sirviente' de Robin Maugham no es una obra que esté mal, pero definitivamente sabe a poco. Tengo la sensación que el principal problema es su extensión, que es demasiado larga para ser un cuento y demasiado corta para ser una novela. Quiero decir que con la concisión de un cuento probablemente habría ganado en eficacia y con la extensión de una novela probablemente podría haber ganado en profundidad. Con sólo 100 páginas de una letra immensa sabe a poco. Y para qué nos vamos a engañar, probablemente a mí aún me ha sabido más a poco porque la película que hizo Joseph Losey está entre mi top 10 de películas favoritas.
Lo que ya me mosqueó desde el principio es que el narrador sea un personaje externo, que nos cuenta la historia desde fuera, sin involucrarse, con lo cual ya se limitan mucho las posibilidades de introspección y análisis. El narrador es Richard Merton que nos cuenta la historia de su amigo de la guerra, Tony, que ha contratado a un sirviente, Barrett, que poco a poco lo irá dominando, explotando el principal defecto de Tony, la pereza. Y sí, la progresión de la caída de Tony está perfectamente mesurada y narrada, con un tempo perfecto, pero no puedo evitar echar de menos una mirada directa a la relación que mantienen Tony y Barret, sin intermediarios de ninguna clase; saberla por terceras personas corta el rollo.
La obra es sutil pero no deja de ser clara. Creo que está claro (al menos me lo ha parecido a mí) que Tony está enamorado de su amigo Richard, el narrador, pero rechaza una posible relación homosexual por la vida más cómoda que le ofrece su sirviente, una vida heterosexual y llena de facilidades. Una vez más, me hubiera gustado saber más de la relación entre el narrador y Tony. Esta es la principal diferencia con la película, donde Richard no existe. En el libro, Barrett es eminentemente un ser repulsivo y malvado porque sí (nunca sabemos sus motivos, parece que sólo son materiales) y su relación con Tony asexuada. En la película Barrett es malo pero sus motivos son mucho más claros y estos motivos, a pesar de su maldad, lo hacen más humano. Desde la primera escena en la que Barret observa a Tony mientras duerme, adivinamos que Barrett quiere poseer a Tony en todos los sentidos, el sexual también, sin duda. Y ciertamente lo consigue. La película, más que una lucha de clases como normalmente se dice, narra una relación dominante-submisiva y como esta relación envilece a los dos que participan en ella.
La película es excelente (claustrófobica, angustiosa, compleja, retorcida, amoral, una obra maestra del subtexto en la que Dirk Bogarde está immenso) mientras que el libro simplemente es un libro correcto. Supongo que se nota la mano de Harold Pinter, que fue quien escribió el guión y que era un maestro a la hora de escribir obras en las que lo más importante son los silencios y lo que se insinúa y no lo que se dice. El libro, por contra, cuenta demasiado poco y demasiado directamente.



