miércoles, 15 de junio de 2011

'Blankets', 'Jimmy corrigan' y 'Rubia de verano'


Eufemísticamente se podría decir que últimamente no estoy pasando por mi mejor momento anímico y esto también afecta a mis hábitos de lectura. Afortunadamente aún no he llegado a perder las ganas de leer, pero sí que he perdido en buena parte las ganas de ver cine entre otras cosas. Pero, aunque no he perdido mi apetito lector, sí que en cierto modo se ha restringido un poco: no tengo ganas de embarcarme en retos (sean pequeños o grandes) ni en territorios desconocidos; sólo me apetecen lecturas fáciles, es decir, lecturas que no supongan demasiado esfuerzo y/o que sé (por experiencias previas) que me gustarán. Así que me pareció que ahora sería un buen momento para leer esos cómics (o novelas gráficas, ni siquiera sé cuál es el término correcto) que están en la biblioteca y que tienen tan buena reputación pero que yo no había leído nunca. Porque, seamos sinceros, un cómic es una lectura mucho más fácil que cualquier novelón, sin necesidad de que sea un Thomas Pynchon.

Los tres primeros elegidos han sido: ‘Blankets’ de Craig Thompson, ‘Jimmy Corrigan’ de Chris Ware y ‘Rubia de verano’ de Adrian Tomine. Y de estos tres sólo uno ha estado a la altura de las expectativas: el último. Estoy de acuerdo que tanto ‘Blankets’ como ‘Jimmy Corrigan’ visualmente son novedosos y efectivos, que la composición y el diseño es una maravilla, etc. Pero por más que la forma sea espectacular, el fondo me decepcionó. Quizás en parte sea porque no estoy de humor como para que me den pena las historias de un pobre marginado en el instituto que descubre el amor o la de un hombre cuarentón que se siente muy desgraciado porque no tiene novia. Pero, a parte de esto, no deja de ser cierto que los personajes son planos y las historias previsibles.

El punto fuerte de ‘Blankets’ es que tiene cierta sensibilidad, cierta inocencia y cierta sinceridad que atorgan a la historia de un primer amor veracidad y entidad. Y mientras que la parte religiosa (el protagonista viene de una familia católica y estricta) es interesante por separado, no estoy tan segura de que encaje bien en el conjunto. Además, no dejo de pensar que esta historia ya me la han contado mil veces antes. Por el contrario, a mi parecer, el mayor punto flaco de ‘Jimmy Corrigan’ es que a los dos personajes les pasan tal cantidad de desgracias que suena todo muy impostado y falso. Me da la sensación que el autor se sentó dispuesto a contar la historia más miserable posible, pero tanta avidez por contar unas vidas desgraciadas acaba resultando contraproducente, porque queda inverosímil y, por lo tanto, frío.

En cambio, ‘Rubia de verano’ me fascinó. Está entre las obras literarias que más me han llegado, la colocaría en mi lista de favoritos, sean cómics o no. Visualmente seguramente no será tan impactante como los dos anteriores (aunque no deja de ser perfectamente efectivo), pero narrativamente es infinitamente más satisfactorio (lo cual quizás es la prueba definitiva que soy más una persona de palabras y estructuras mentales que no de imágenes). Son cuatro historias breves que me recordaron en cierto modo a los mejores cuentos de Raymond Carver, porque como estos hablan de personajes complejos y contradictorios, porque son trozos de vida, porque están despojados de todo lo superfluo (nada de florituras visuales, esta vez), porque son sobrios y secos, y porque además la última viñeta es demoledora y es la que da sentido a toda la historia. Son piezas perfectas de literatura. Y punto.


miércoles, 8 de junio de 2011

'Novelas en tres líneas' de Félix Fénéon


Siempre me acordaré de que un día un profesor de la carrera nos plantó delante de las narices un texto breve y nos preguntó si era literatura. Era un texto en primera persona sobre unos pobres diablos que estaban a punto de piñarla y a mí me pareció que sí porque tenía la fuerza dramática y la desesperación suficiente como para formar parte de un libro. Yo me imaginé que quizás era un fragmento de una novela de aventuras, pero resultó que era el último mensaje que envió la tripulación del submarino ruso Kursk cuando ya se les estaba acabando el aire y tenían la certeza que iban a morir (esto era allá por el año 2000).

Era un texto real, por lo tanto a priori no era literatura, pero desde entonces siempre he sido de la opinión que ciertos textos puestos en un contexto determinado se pueden convertir en literatura. Por supuesto debe haber cierta calidad etérea implícita en el texto pero lo que ayuda muchas veces es el contexto. Llamadme cínica si queréis.

Todo esto me ha venido a la memoria al leer las ‘Novelas en tres líneas’ de Félix Fénéon, que son nada más ni nada menos que una serie de noticias breves de sucesos (que efectivamente no superan las tres líneas) y que el autor publicó en un periódico francés allá por 1906, pero ahora recogidas en forma de libro. Quiero decir que al leerlas en un periódico pensaríamos que son ingeniosas, bien escritas, divertidas, pero probablemente no las consideraríamos literatura. Plantificadas en un libro es otra cosa.

Son noticias de sucesos que nos dan una visión curiosa de la Francia de principios de siglo. Son noticias llenas de robos, crímenes pasionales provocados por los celos, accidentes truculentos, suicidios provocados por la desesperación, huelgas y enfrentamientos violentos entre obreros y patrones, alcaldes que se niegan a quitar los símbolos religiosos de las escuelas y son destituidos, asesinatos inquietantes e inexplicables, etc. Es sin duda, un libro curioso. Lo malo es que es poco más que una curiosidad.

Fénéon tiene una capacidad de síntesis y una habilidad para sorprendernos con un giro final realmente admirables; su lenguaje es fresco y vivo; su humor negro y afilado; pero, cuando ya llevas unas cincuenta páginas, el libro se vuelve repetitivo y te das cuenta de que aún no has leído ni una cuarta parte y empiezas a cansarte. Es un libro curioso, ingenioso, hasta cierto punto simpático, pero también hasta cierto punto cansino, y una vez lo terminé me dio la sensación que no me había aportado nada; un divertimento que no se digiere mal pero que no llena.

Otra cosa mala que tiene es que la biografía del autor es más interesante que el libro en sí. Me ha gustado más el prólogo que relata su vida que no el libro per se. Mal señal. Se ve que Félix Fénéon durante mucho tiempo llevó una triple vida: por un lado era funcionario respetable del gobierno, pero también un periodista descubridor de nuevos talentos (tanto en la literatura como en la pintura), y luego aún resulta que también era un anarquista combativo, hasta el punto que fue encarcelado durante tres meses por tirar una bomba en un concurrido café, aunque finalmente fue absuelto. Ciertamente curioso.


martes, 31 de mayo de 2011

'Viaje a la oscuridad' de Jean Rhys


A principios de septiembre del año pasado leí una noticia que me hizo tremendamente feliz; decía que en noviembre la Editorial Lumen iba a publicar un libraco llamado ‘Una vida sin ti’ que contendría cuatro novelas cortas de Jean Rhys. Llegó noviembre y nada. Pasaron los meses y aún sin rastro. Busqué desesperadamente hasta que perdí la esperanza. Quizás se habían echado para atrás. Quizás había sido una trola. Y el otro día, cuando bajé a Barcelona y fui de librerías, cuando ya no lo estaba buscando, lo encontré y no podéis imaginar lo contenta que me puse. Al final resulta que en realidad no lo publicaron hasta el pasado abril, pero bien está lo que bien acaba.

¿Y por qué tanto desasosiego para encontrar un libro de una tal Jean Rhys? Pues porque nadie escribe como ella, porque me es facilísimo conectar con la tristeza que transmiten sus escritos, porque sus libros son tan deprimentes que se te hace un nudo en la garganta. Tan pronto como lo tuve en mis manos empecé con la primera novela, ‘Viaje a la oscuridad’, y la devoré. Ahora me estoy refrenando y me he propuesto aplazar el momento de empezar la segunda novela del volumen porque no quiero terminármelas demasiado pronto y quedarme sin nada de Jean Rhys que leer.

‘Viaje a la oscuridad’ es un libro tremendamente autobiográfico; está protagonizado por una joven que nació en las Antillas pero que ahora sobrevive como puede haciendo de corista en Inglaterra, donde el frío y la soledad se hacen casi insoportables. Y por si fuera poco, encima, se enamorará y tendrá que sufrir un desengaño que la hundirá aún más. Es una novela sobria, seca, dura, que nunca habla directamente de tristeza y soledad, pero no hace falta porque son sentimientos que se palpan en cada una de sus líneas.

Si una imagen tuviera que resumir 'Viaje a la oscuridad' en ella veríamos a la protagonista tumbada en la cama de una pensión gris y deprimente recordando su infancia (que tampoco fue especialmente feliz), recordando el pasado para no tener que pensar que en el presente el hombre que ha amado la ha abandonado. Y en la mesilla probablemente habría el detalle tópico pero eficaz de una copa con restos de vino y por la ventana se vería un cielo oscuro y todos los colores serían fríos y apagados.

Y sin emgargo, lo que me gusta más de Jean Rhys es que su tristeza no es causada por circunstancias externas (como podría ser el desamor) sino que es algo que está arraigado más profundamente, algo terrible e incontrolable que se puede esconder pero que siempre está ahí. Es probable que Jean Rhys tuviera depresión crónica. Lo que sí es seguro es que tenía una habilidad para describir los estados depresivos que pocos escritores pueden igualar.


sábado, 21 de mayo de 2011

'Demasiada felicidad' de Alice Munro



Hace poco terminé ‘Todo arrasado, todo quemado’ de Wells Tower, un libro de relatos que toda la crítica ha puesto por las nubes, y si bien no me disgustó sí que me decepcionó. Estaba muy bien escrito, era un libro formalmente cojonudo, pero el fondo cojeaba un poco; tuve la sensación de que lo que me contaba ya me lo habían contado antes mil veces y los temas eran tan tópicos y poco originales que parecían sacados de un ejercicio estilístico propuesto en una clase de escritura creativa. Es mi eterno problema con la mayor parte de la literatura contemporánea: me parece banal, puro formalismo y/o ombliguismo, no conecto con ella y me acaba cansando un montón. Afortunadamente hay excepciones y he encontrado que ‘Demasiada felicidad’ de Alice Munro es una de ellas.

Si alguien se pone puntilloso podrá decir que lo que cuenta Munro en esta colección de relatos ya se ha contado también antes. Y si estoy muy apurada siempre podré decir que todo ya se ha contado antes. Pero lo cierto es que es muy difícil decir por qué un libro te parece más de lo mismo y otro consigue llegarte y te da la sensación de que te cuenta algo real, algo que realmente tiene importancia. Con los cuentos de ‘Demasiada felicidad’ me ha pasado esto último. Munro habla de personajes que llevan vidas normales, más o menos felices (o como mínimo no especialmente infelices), pero estos personajes un buen día se encuentran con un bache que sacude toda su existencia, un agujero por el que caen, una rendija por la que se cuela la desgracia. Y luego tienen que adaptarse a ello. Y es que ‘Demasiada felicidad’ habla de los giros que da la vida (algunos bruscos y crueles, pero otros más cotidianos pero sólo banales en apariencia) y de cómo nos adaptamos a ellos.

De todos los cuentos, los que más me han gustado han sido ‘Ficción’ (porque precisamente habla de la diferencia entre ficción y realidad, y éste es uno de mis temas favoritos), pero también ‘Cara’ (que es una atípica historia de amor que nunca llega a materializarse), ‘Radicales Libres’ (porque empieza dentro de la cotidianeidad pero luego se vuelve un ejercicio de suspense angustiante), y el que da título al libro, ‘Demasiada felicidad’ (una novela en miniatura llena de melancolía, basada en un personaje que existió realmente, una de las primeras mujeres matemáticas, que era de origen ruso y encima también escritora de ficción). Pero en realidad todos me han gustado y todos participan de un mismo estilo y una misma temática que atorga al conjunto una unidad que muchas veces cuesta de conseguir en una recopilación de cuentos.

En cada una de sus páginas, se nota que Alice Munro tiene oficio, que sabe cómo construir un relato. Su estilo es pausado y tranquilo pero sabe como dosificar la información para atraparte. Te hace creer que estás adivinando lo que va a ocurrir a continuación pero siempre te sorprende; todos sus relatos tienen un giro inquietante que te saca de tu zona de confort. Y aunque al final efectivamente como lector adivines lo que va a ocurrir siempre te sorprende con la forma que finalmente ocurre. Y así es como tendría que ser siempre y es por esto que 'Demasiada felicidad' es un libro muy recomendable.


sábado, 23 de abril de 2011

¡Feliz Sant Jordi!


¡Feliz día del libro (en todo el mundo)!
¡Y feliz día de los enamorados (en Catalunya)!


lunes, 18 de abril de 2011

'Una burla lograda' de Italo Svevo


Italo Svevo es uno de mis escritores favoritos. No es que me guste decir que es de mis favoritos porque siempre se queda muy bien citando a un escritor relativamente minoritario como favorito, pero tengo que reconocer que el hecho de que sea tan relativamente poco conocido (y aún menos leído) hace que le quiera un poco más, como para compensar la falta de amor que recibe de otros lectores. Svevo me gusta porque trata algunos de los temas literarios que más me gustan y porque lo hace de la forma que más me gusta. Los protagonistas de Italo Svevo normalmente son literatos de poca monta, provincianos y ensimismados, unos pringados de campeonato. Y los temas que Svevo trata a partir de estos personajes son (casi siempre) la distancia entre realidad y ficción, vida y literatura, el mundo ideal y el mundo real, lo que uno espera de la vida y lo que en realidad ésta le proporciona. Y encima lo describe con un sentido del humor amargo, agridulce y/o melancólico, con una ironía distanciadota deliciosa. Además, es capaz de describir su Trieste natal de una forma tan eficaz que, aunque yo nunca he estado allí ni por asomo, no dejo de tener la sensación que conozco esta ciudad a la perfección.

‘Una burla lograda’ es un relato breve, de sólo unas 50 páginas, pero es toda una joya. Es típico Svevo: el protagonista es un literato perdedor que se cree más importante de lo que en realidad es y que será engañado por alguien que se aprovechará de su visión idealizada del mundo. En este caso, lo que más me ha sorprendido es que Svevo deja claro que el protagonista es ridículo, pero aún así también nos dice que en cierto modo es un personaje (casi) noble porque tiene algo de lo que nadie debería nunca burlarse: ilusión. Me ha sorprendido porque Svevo suele ser mucho más cruel con sus personajes. Supongo que se explica porque este relato no es nada más que una fábula sobre un hombre que escribe fábulas. Y eso que a mí normalmente no me gustan las fábulas, su simplificación me cansa y el moralismo me hace perder los nervios, pero en este caso Svevo no se pone moralista, deja que seamos nosotros quién juzguemos a los personajes y saquemos nuestras conclusiones, y a la vez su detallismo, su descripción minuciosa de los sentimientos y los procesos mentales por los que pasa el protagonista hacen que este cuento se pueda describir de cualquier modo menos “simple”.

El protagonista de ‘Una burla lograda’ es Mario Samigli, un escritorzuelo de casi 60 años, que en su juventud publicó una novela que pasó sin pena ni gloria, y que ahora lo único que escribe son fábulas protagonizadas por pajaritos, unas fábulas que no enseña a nadie pero que le sirven para desahogar un poco su frustración. Porque, en verdad, la vida de Mario es de lo más frustrante, una vida tremendamente gris. Aún así, Mario sigue teniendo sueños, aún sueña que algún día ocupará un sillón destacado en la república de las letras. Lo que pasa es que un (supuesto) amigo le parará una trampa elaborada para reírse de él, concretamente para burlarse de sus sueños (que serán todo lo ridículos que uno quiera, pero no dejan de ser sueños). Y todo solamente porque este (supuesto) amigo un día también soñó con ser un reputado escritor pero ya hace tiempo que dejó de hacerlo, y no puede evitar sentir envidia de Mario que aún tiene la capacidad de soñar. Explicado así, puede parecer que la cosa va a ser muy cursi, pero Svevo nunca es cursi, es más dulce que normalmente pero la historia no deja de tener un punto amargo. Es una obra de ritmo pausado pero constante, perfectamente equilibrada, rica en detalles y matices. Lo dicho, una pequeña joya.



lunes, 4 de abril de 2011

'El teniente de Inishmore' de Martin McDonagh



La acción de ‘El teniente de Inishmore’ de Martin McDonagh empieza cuando Davey encuentra un gato negro con la cabeza destrozada en medio de la calle. Hay gente que cree que cruzarse con un gato negro trae mala suerte, pero está claro que en este caso cruzarse con este gato negro en concreto con el cerebro hecho añicos no va a llevar a nada bueno, porque este gato negro era de Padraic, el hijo de Donny, un psicópata que ni siquiera los del IRA lo quisieron porque estaba demasiado pirado. Donny y Davey están en un apuro muy chungo porque este gato era el único ser en el mundo al que Padraic amaba y cuando se entere que ha piñado querrá hacer picadillo a alguien y lo más probable es que quiera hacer picadillo a Donny y a Davey porque son los principales sospechosos del asesinato.

Conocía a Martin McDonagh, porque era el guionista y director de la película ‘In Bruges’, una comedia muy negra y muy recomendable con un final de regusto casi trágico, pero no tenía ni idea que también escribiera obras de teatro. ‘El teniente de Inishmore’ es una farsa hiperviolenta con un humor muy negro que a veces raya lo grotesco. Es como una mezcla entre la serie ‘Father Ted’ y el cine de Tarantino, aderezada con unas gotas del humor absurdo de los Monty Python. El mensaje de fondo está claro que es que la violencia es un sinsentido que no soluciona nada, pero queda algo diluido porque la obra no es nada más (ni nada menos) que una farsa y, como toda farsa, solo pretende hacer reír a través de la caricatura y el trazo grueso. Pero no es fácil hacer una farsa bien hecha, una que sea divertida de verdad sin caer en lo chusco ni lo fácil y barato.

‘El teniente de Inishmore’ tiene un ritmo trepidante, unos cuantos giros sorprendentes, unos diálogos frescos e ingeniosos, y un montón de momentos divertidísimos. Donny y Davey son un dúo cómico impagable. Son como dos clowns, pero aquí no hay un payaso listo y uno tonto, los dos son realmente tontos por más que quieran hacerse el listo. Me recuerdan un poco a Vladimir y Estragón de ‘Esperando a Godot’ pero en mucho más estúpidos. Bueno, de hecho todos los personajes destacan por las pocas luces que tienen, como consecuencia las situaciones son imprevisibles pero una ya prevé que las cosas se enmarañarán de mala manera y que no pueden acabar bien. Es una obra delirante pero que mantiene un extraño equilibro y que no deja de ser “una pieza bien hecha”.